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Las dos orillas del PAI
Las posiciones enfrentadas sobre los planes urbanísticos dividen a las poblaciones afectadas EL PAÍS - Valencia EL PAÍS - 22-01-2006 La profusión de Programas de Actuación Integrada (PAI) presentados a lo largo y ancho de la geografía valenciana ha levantado expectativas contradictorias en la sociedad. En algunos lugares afectados por estos planes de urbanización el debate se vive en primera persona y a menudo se libra cuerpo a cuerpo, lo que, en ciertos aspectos, ha alterado la relaciones de vecinos, amigos incluso familias, que por su distinto punto de vista al respecto viven un trato que es a todas luces más tenso que lo era antes. - Cabanes-Oropesa Cabanes ha sido uno de los municipios en los que el suelo alcanzó precios desorbitados, no sólo antes de la presentación del PAI de Mundo Ilusión sino también por el desarrollo de urbanizaciones limítrofes a ésta. Coches de gran cilindrada y de gama alta pululan por un pueblo de poco más de 2.000 habitantes que, prácticamente en todas las calles, tiene un inmueble en obras, por restauración, pintura o ampliación. Mientras, las pequeñas promotoras han encontrado en los alrededores del casco urbano el espacio "perfecto" para edificar y vender, dentro del mismo municipio, donde han encontrado vecinos con mucho dinero "fresco y gastable". Sin embargo, y pese a que nadie esconde sus "beneficios", es complicado encontrar a alguien que, públicamente, alabe las consecuencias de proyecto. Con nombre, pero sin apellidos, Rosa asegura que a ella le pagaron "lo que quería" y que, con los gastos y el poco rédito que origina el campo, no se lo pensó. Al margen deja el modelo de desarrollo y su convencimiento de que "de no haber sido éste hubiera sido otro" y plantea el hecho de que ha podido ayudar a sus hijos a adquirir las viviendas en las que viven "y algún que otro extra". Por contra, hay quien quisiera seguir viviendo de la tierra aunque lo considere una utopía: Por eso, en la posición contraria y de "lucha contra el cemento"se encuentra Pilar Valls, que forma parte de la asociación Veïns de la Ribera y pelea por mantener su opción de "vivir tranquila". "Que no me hablen de propiedades revalorizadas porque mi valor y el de mis vecinos es el de levantarme cada día y poder ver el mar", afirma tajante. Las consecuencias del desarrollo urbanístico en Oropesa son visibles nada más se accede a la población. El Ayuntamiento ha dedicado un monumento a la uva moscatel. Se homenajea, habitualmente, a lo desaparecido. Y en Oropesa no sólo han desaparecido las filas de viñas de las que colgaba esta variedad sino también un sinfín de metros cuadrados de naranjos y algunas que otras higueras. Apenas en un puñado de casas, y de forma medio clandestina, se pueden encontrar clementinas locales y, en temporada, la preciada moscatel. Sin embargo, esta transformación no ha tenido un reflejo tan patente como en Cabanes. La mayor parte del suelo pertenecía a terratenientes que en poco han variado su forma de vida. - Vilanova d'Alcolea Pepe Ripollés expone, de forma clara, la visión positiva de las consecuencias de uno de los proyectos más polémicos de la provincia de Castellón, el aeropuerto: "Vilanova d'Alcolea estaba dormida, no había evolucionado al mismo ritmo que los pueblos vecinos aunque estos también fueran de interior. Con el aeropuerto se puede recuperar, en tres años, el tiempo perdido". El proyecto del aeropuerto ha provocado ya la presentación de otro PAI de un millón de metros cuadrados que incluye un campo de golf. "Tenemos un futuro esplendoroso", asegura Ripollés. Las casas recién pintadas, las fachadas rehabilitadas y algún que otro coche de lujo son las pruebas más patentes de los ingresos que sus habitantes, poco más de 600, han percibido por unas tierras de las que no esperaban nada. Una parte de la superficie afectada por el proyecto del aeropuerto ni siquiera estaba cultivada con lo que, en un principio, a casi todos les pareció bien la cantidad que se les ofreció. Sin embargo, algunos vecinos y, sobre todo, los grandes propietarios iniciaron una batalla legal ante lo que consideraron un precio ridículo. De la mano de un despacho de abogados, entre los que se encuentra Isabel Castell, han denunciado que la expropiación se basó en precios de suelo rústico, aunque ya había una reserva de terreno dotacional y urbanizable. Las diferencias oscilan entre 0,70 y 2,40 euros que pagó la Administración y 18 y 22,4 euros que exigen los dueños. Unos se sienten engañados y otros admiten que nunca hubieran pensado que alguien se iba a interesar por sus eriales. Información elaborada por Eva Batalla, Santiago Navarro y María Fabra. |