![]() |
|
| Ayuda | Nuevo usuario |
|
|
Herramientas | Visualización |
|
#1
|
|||
|
|||
|
Del 25.000 al 10.000 A.C.: Las pinturas rupestres de Pinal, Peña de Cándamo, El Pendal, Pasiega, Ribadesella y Altamira expresan la existencia de un gran cultura en el periodo Magdaleniense.
Año 10.000 A.C.: Los fenicios fundan Gadir o Gades (Cádiz), Baria Adra, Almuñécar y Málaga. Años 1.000 A.C.: Civilización de los tartesios. Los celtas comienzan a llegar a través de los Pirineos. Siglo VII A.C.: Los griegos fundan Hemeroscopion y Manake. Siglo VI A.C.: Fundación de Emporio (Ampurias) y Rhodaes (Rosas). 237 A.C.: Amílcar Barca ocupa el Sur y el Sureste y funda Akra Leuke (Alicante). Asdrúbal funda Cartago Nova (Cartagena). Del 218 al 201 A.C.: Aníbal ocupa Sagunto (Guerra púnica). Los cartagineses invaden Italia. Escipión llega a España y derrota a Asdrúbal en Tarraco (Tarragona), Illipa (Alcalá del Río) y Gadir. Roma se anexiona el país y lo divide en dos provincias: Hispania Citerior e Hispania Ulterior. Úlima edición por tellagorri fecha: 28/Dec/05 a las 22:10. Razón: Por corrección estética |
|
#2
|
|||
|
|||
|
Según el texto bíblico, Abraham, llamado el hebreo, desciende de EBER, bisnieto de Sem, hijo de Noé.
Eber aparece, pues, como antepasado epónimo de la tribu, y es curioso que no haya llamado la atención, como conviene, el parecido de este nombre con el de IBER o ibero. Además, Eber signffica en hebreo «más allá», y en la Enciclopedia Británica leemos que el significado de Iberia, según la etimología vasca, es «el país del río» = Ibaierri. Y si bien, para situar a Eber pensamos automáticamente en el eufrates, no hemos de olvidar que el Ebro, antiguamente Ibero, es el río de Iberia y de los iberos. Iberia es el país civilizado más antiguo del mundo, han podido escribir W. deMiIosz y D.Duvillé”. De aquí salió el pueblo llamado IBRI en la Biblia, y de ahí salieron también esos otros iberos que se establecieron a los pies del Caucaso, en Georgia y en la costa siria, procedentes de los ribazos NÚMIDAS. (Africa), los Fenicios-BEREBERES, con su dios Atlas resueltamente occidental, lo mismo que los frigios y que los atlantes, o habitantes de las costas atlánticas, futuros egipcios y fundadores de la civilización y de la monarquía tinitas, portadores del emblema real de la abeja. En términos científicos, los habitantes autóctonos de Iberia descendían de los dolicocéfalos magdalenienses y, por éstos, de los auriñacienses y solutrenses de Francia y de España, pues no hay que olvidar que Iberia empezaba en el Ródano. Fueron estos autóctonos los que, después de haber sido instruidos por unos iniciadores o civilizadores de cultura superior, se extendieron a lo largo de las costas mediterráneas. Así se explica que que el recuerdo del Ebro-Ibero, haya subsistido en Oriente a través de los milenios y que, según leyes que no han de sorprender a los lingïstas, se haya transformado en Eufra-Eufrates, después de haber sido Ebra-Ébrates- Añadamos que las tradiciones éuscaras conocían la existencia de unas tierras más allá del Océano. Existe, además, el difícil problema de los alfabetos, puesto que Iberia conoció la escritura mucho antes de la romanización y de los primeros establecimientos fenicios en la Península. Podemos creer razonablemente al historiador Ocampo, cuando, de acuerdo con las antiguas crónicas españolas, nos dice que el alfabeto fue enseñado a los primeros habitantes de la península por Túbal, hijo de Jafet. Ello queda plenamente justificado por las referencias expresas de los escritores antiguos más dignos de crédito, a las relaciones escritas que conservaban los antiguos iberos ya, en aquel tiempo, de más de SEIS MIL años. La llamada raza de Cro-Magon, que ha decorado con pinturas y esculturas las paredes de nuestras grutas, los mangos de sus armas y de sus herramientas, poseía en grado sumo el sentimiento estético. Presentaba características semejantes a la de los vascos, de los guanches y de los cábilas, y se extendió a todo el Africa del Norte, y al Occidente y sur de Europa. Fueron los antepasados de los EGIPCIOS, de los pelasgos, de los libios, de los fenicios, de los etruscos y de los ibero-ligures. Si se admite el origen atlántico y mediterráneo occidental de los pueblos que hemos evocado, desparramándose a través del Mediterráneo, colonizando las islas de Chipre y del mar Egeo, implantándose en Caria y en el delta del Nilo, ANTES DEL QUINTO MILENIO, el problema se explica; si no, es insoluble. Según el Génesis, los habitantes de IBERIA descienden de Javán, hijo de Jafet, emparentándolos con los grecopelasgos de la isla de Chipre. Serían, pues, esos mediterráneos Occidentales, entre los que se cuentan los IBRI, antepasados de los hebreos, que poblaron las islas del mar Egeo y el delta, llevando consigo un dios tocado con plumas sobre la cabeza, como el hombre occidental de la pintura de Biban el Moluc (Egipto) y como el primer dios de los aztecas de México. NOTA . Todo esto son puras elucubraciones teoricistas y bastante fantasiosas, sin base científica alguna, y que ha servido a los frailes nacionalistas para elaborar sus "Historias" de los vascos. Úlima edición por tellagorri fecha: 28/Dec/05 a las 22:10. Razón: Corrección estética |
|
#3
|
|||
|
|||
|
No hay razas humanas sino que sólo hay una raza, Homo sapiens sapiens, que llegó a Europa hace unos 40 mil años y que se asentó y sustituyó en todo el continente al hombre de Neandertal, con el que, por cierto, nada indica que llegase a mezclarse -si es que la constitución genética de ambas subespecies hubiese hecho ello posible- si no de modo excepcional o anecdótico.
Esta colonización paleolítica europea seguramente se produjo en oleadas desde la encrucijada de los montes del Cáucaso con las áreas próximas del Oriente Medio, desde donde nuestra especie accedió, seguramente en número bien limitado, a vastas regiones europeas comprendidas entre las orillas del mar Negro y las estribaciones de las cordilleras Cantábrica y Pirenaica, y sin que se aventurara a ir mucho más al norte porque los hielos -o, cuando menos, el frío- ocupaban perennemente la mayor parte de esos territorios. Nuestro antepasado paleolítico era todo un artistazo que recolectaba frutos y cazaba bisontes, caballos y renos (que dejó pintados en Lascaux y Altamira), probablemente tenía una expectación de vida y una demografía muy pobres -y por eso no se extendió por el resto de la península Ibérica- y, no repugna en absoluto pensarlo, hablaría un idioma con fonemas y palabras que podrían haber llegado casi intactas vehiculadas en el euskera hasta nuestros mismísimos días. Estudios de la variabilidad genética efectuados con tecnología de RFLP de ciertos haplotipos -H, del DNA mitocondrial (heredado sólo por vía materna), y 15, del cromosoma Y (heredado sólo por vía paterna)- en diferentes poblaciones europeas abonan la idea de un sustrato genético común a toda Europa y norte de África, de origen caucasiano, extendiéndose, por tanto, del Atlas marroquí a Finlandia y de los Urales al Atlántico, seguramente en relación con sucesivas oleadas migratorias producidas hasta hace 20 a 25 mil años, en periodo Pleistocénico, y desde las referidas regiones caucásicas. Hace entre 11.000 y 13.700 -la datación es muy exacta- aconteció en el hemisferio norte un cambio climático fundamental: el periodo de Bølling -Allerød, en el que las temperaturas ascendieron espectacularmente y los bosques boreales y el clima benigno sustituyeron en las planicies del centro y norte de Europa a la tundra y al hielo perenne. Como consecuencia de ello nuestro hombre paleolítico asentado en los valles y las cuevas de las penínsulas europeas meridionales encontró un momento idóneo para expandirse en dirección septentrional, persiguiendo a las manadas de rumiantes que le servían de sustento, y ocupando así toda Europa, hasta Finlandia; y ello lo hizo, fundamentalmente, insisto, desde un área geográfica comprendida entre Cantabria y Cataluña y el Ebro y el Garona. En 1998 se publicó (Am J Hum Gen 62: 1105-12) por miembros italianos de la escuela de Cavalli-Sforza (probablemente el antropólogo más reputado que existe) la teoría que acabo de enunciar, fundamentada en el estudio del haplotipo V del DNA mitocondrial de varias poblaciones europeas, según la cual, y resumiendo mucho, parecía deducirse que el hombre de Cromagnon se extendió por toda Europa a expensas de esta migración paleolítica al final del periodo de máxima glaciación y aprovechando ese otro periodo de 1.700 años de clima benigno. Restos arqueológicos de la edad de Piedra tan alejados del suroeste europeo como los de Bélgica, Alemania y Polonia así lo acreditan. Según Venneman y algunos lingüistas germánicos (véase, creo recordar, Revista de Investigación y Ciencia, número de Septiembre de 2002) esta expansión paleolítica tardía habría llevado un idioma protoeuskérico hasta los confines de Europa, de modo que algunas referencias toponímicas actuales en todo el continente con similitudes asombrosas entre sí tendrían esta explicación. De modo muy interesante, el referido haplotipo V del DNA mitocondrial que marca esta probable migración paleolítica europea está también presente en altísima proporción entre las poblaciones vascas, catalano-levantinas y norteafricanas actuales; ello, unido a otros marcadores genéticos autosómicos (del complejo mayor de histocompatibilidad) también presentes en las poblaciones vascona y bereber y a algunas similitudes lingüísticas entre el euskera y el idioma imazigh de esta última etnia hacen plausible la idea de una relación o contacto genético y cultural muy estrecho entre los pueblos ibéricos y sudoccidentales franceses (vascoiberoaquitanos, si se quiere) con los norteafricanos ya desde el Paleolítico tardío. En esta época prehistórica, paleolítica, cabe preguntarse: ¿el contacto se produjo desde Iberia (“Euskoiberoaquitania”, repito, si se quiere) al Atlas o desde el Atlas a Iberia?: Bien. Dejábamos a nuestro pariente paleolítico chapurreando quizás en protoeuskera -o así- hace 13000 años por las campas de POLONIA cuando sobrevino una nueva putada: la moderna glaciación (youngest Dryas), que duró desde hace 13000 años hasta hace 11.600 años. Es de suponer que nuestro antepasado europeo aguantó como pudo y pasándolas canutas pero, para entonces, ya debía dominar muy bien la técnica del fuego, la caza, la construcción, la confección de armas, utensilios y vestidos, y como resultado de ello pudo sobrevivir para que su huella genética nos llegara visible hasta hoy en día. Ya en el Neolítico (Mesolítico), en periodo geológico del Holoceno, con clima cálido - más calentitos, por tanto- la especie humana prosperó bastante . Hasta la península Ibérica y el Occidente de Europa debió de llegar una nueva oleada migratoria con cultura de la Edad de los Metales y, sobre todo, dominio del pastoreo y la agricultura. No repugna pensar, desde luego, que Asia Menor (Turquía) y el continente europeo así como, de nuevo, el norte de África y el correspondiente brazo de mar Mediterráneo fueron los orígenes y las vías de acceso del hombre neolítico pastor y agricultor a Iberia. Además, hace aproximadamente 8000 años aconteció otro fenómeno climático y ecológico transcendente: la desertización del otrora fértil en pastos y cultivos Sahara verde, con todos los monumentales movimientos migratorios que ello debió llevar aparejados. Que en ese escenario las poblaciones norteafricanas se vieran cada vez más empujadas hacia el norte y que, progresiva e imparablemente, colonizaran con su cultura avanzada el sur de Europa (y las islas Canarias, por cierto) resulta completamente lógico. Los iberos -ya coetáneos de los antiguos egipcios y griegos- tuvieron que ser forzosamente NORTEAFRICANOS y "neolíticos avanzados". Y, para mí, las poblaciones más ancestrales preexistentes en Cataluña, los valles pirenaicos y la cabecera del Ebro hasta el País Vasco actual fueron colonizadas desde la costa mediterránea siguiendo el curso del "río Ibero" (Ebro) y de sus afluentes por estos pueblos pastores, morenos, mesocéfalos, hablantes de un idioma preindoeuropeo –un vascoibero rudimentario- y, por cierto, sexistas y taurófilos. Es razonable pensar que la fusión de los primeros pobladores paleolíticos caucasianos con estos otros colonizadores neolíticos norteafricanos originaron la raíz étnica vascoibérica de la cuenca mediterránea de nuestra península, incluyendo la Euskal Herria de hoy, y de la actual Aquitania francesa. Los pueblos CELTAS indoeuropeos vinieron a Vasconia y a la costa atlántica extendiéndose por buena parte de la España interior después. En el País Vasco actual, como en Salamanca o en Guadalajara, forzosamente hubieron de fusionarse con los pueblos iberos que les precedieron en su implantación dando lugar a una etnia -si es que eso existe- celtíbera. Que esa mezcla fuera apenas existente en los angostos valles de las estribaciones pirenaicas de Navarra, de Aragón y del País Vasco interior explicaría la preservación de una población autóctona vasca genética y lingüísticamente más definida y singular -del origen que he intentado explicar aquí- hasta nuestros días. Considérese, además, que la escasa romanización de ese País Vasco montañoso y rural y el escaso mutuo interés de los vascos con los visigodos, los moros y los judíos explican a la perfección la preservación del euskera y de los marcadores genéticos que aquí he señalado hasta ahora en las áreas más rurales del País Vasco. Yo -y acabo- así veo las cosas, y de todo lo anterior no extraigo ninguna conclusión sociopolítica como no sea que cada ser humano, cada individuo es maravillosamente singular e irremplazable, y que no hay más genes ni más lenguas ni más atributos sagrados que los de la dignidad humana, y los de la libertad, la igualdad y el afán de justicia, belleza y verdad que nos son inherentes a nuestra condición humana, pese a ETA. Escrito por Bruno Zabala |
|
#4
|
|||
|
|||
|
La cosmogonía vasca estaba dividida entre dos mundos, el mundo de los del día (egunekoak) o el de los vivos y el mundo de los de la noche (gauekoak) o el de los muertos.
Exactamente igual a la actual cosmogonia de las tribus negras africanas y sus religiones animistas. Para los antiguos vascos el significado de la muerte no era tan lúgubre como puede resultar viéndolo desde la perspectiva occidental actual. Al morirse una persona, simplemente, pasaba a formar parte de un estado existencial diferente. Se decía en aquellos tiempos que, "Eguna egunekoentzat [ el día para los del día (los vivos) ] eta gaua gauekoentzat [ y la noche para los de la noche (los muertos) ] ". El espíritu Gaueko [ (espíritu guardián) de la noche] era el encargado de velar por esta norma aceptada por los antiguos vascos, ya que si algún vasco merodeaba por la noche, era arrebatado de los vivos por este espíritu y pasaba a formar parte del mundo de los de la noche (los muertos). La religión vasca poseía unas normas de conducta sobre lo que es el bien y el mal, que debían ser cumplidas estrictamente. También existía en esta religión un cielo y un infierno, aunque era diferente a la concepción del cielo y del infierno de las religiones judeo-cristianas. Cuando una persona fallecía, pasaba a formar parte de los de la noche. En la oscuridad, era guiado por la luna, que en euskara se dice ilargi (significa luz de los muertos), por un sendero que le llevaría hasta la gruta o cueva de Mari, donde viviría con ella y con todos sus antepasados eternamente, en paz, felicidad y abundancia. Este era el concepto del cielo para los antiguos vascos. Pero aquella persona que no hubiese obrado en el mundo de los vivos, según las enseñanzas de Mari y hubiese hecho el mal al prójimo. Aunque la luna le iluminase en su camino, estaría vagando y vagando eternamente, en la oscuridad, hasta poder encontrar el sendero que le llevase hasta la cueva de Mari. Este era el concepto de purgatorio (estar vagando durante un tiempo buscando el sendero correcto) y el infierno (vagar eternamente en la noche sin encontrar el camino). Como se puede observar, es una religión de claro origen prehistórico, dado que considera a la cueva como zona de paz, acogedora y protectora, el mejor sitio en donde vivir eternamente. Úlima edición por tellagorri fecha: 28/Dec/05 a las 22:10. |
|
#5
|
|||
|
|||
|
Atapuerca permite aventurar la existencia de un hombre, el Homo antecesor, que hace aproximadamente un millón de años vivía en suelo ibérico en condición de nómada, vagando de un lugar a otro en busca de alimentos y cobijo.
Había llegado de África y su paso por el mundo quedaría encerrado entre esqueletos humanos, cantos tallados... y toda una serie de hallazgos arqueológicos que recoge el caminar del primer hombre por tierras de Europa. (...) Hacia el año 100.000 a.C. la península Ibérica acogería otro inquilino, el Homo sapiens o de Neanderthal, que poco a poco irá perfeccionando la industria de piedra del hombre primitivo y protagonizará los primeros ritos funerarios. Setenta milenios después, el hombre de Cromagnon desterrará de Europa al Neanderthal e introducirá importantes innovaciones en la fabricación del utillaje, adaptándolo a su entorno físico y a las necesidades de una economía recolectora y cazadora. La fantasía del Cromagnon daría a luz nuevos instrumentos líticos o mejoradas herramientas de asta y hueso, arpones, propulsores o agujas de coser, que muy pronto se extendieron por todos los núcleos habitados de la España prehistórica. Al mismo tiempo el arte rupestre bañaría de pinturas las paredes de las cuevas de Altamira. Allí, en las tierras de Cantabria, en las representaciones polícromas de bisontes, caballos o ciervos quedaría retratado todo el misterio de una era señalada por el aliento de la supervivencia. Entre los años 5.000 y 3.500 a.C. el vendaval del Neolítico barrerá la vida errante de los primitivos cazadores. Con la mirada puesta en la tierra, las comunidades aumentan la disponibilidad de alimentos, crecen, se agrupan y construyen los primeros signos de vida urbana mediante pobres agrupaciones hechas de casas de piedra y adobe. Al igual que ocurrirá más tarde, cuando desembarquen en la Península los mercaderes griegos y fenicios, las nuevas corrientes culturales encuentran pronto acomodo en la región andaluza y levantina, retrasando su entrada en la Meseta y el NORTE. Hacia el año 2000 a.C. daría comienzo la Edad del Bronce. El poblado más conocido de este período es El Argar, situado en el sureste de la Península, donde la explotación minera y los objetos de oro y plata arrinconaron la industria de piedra y hueso. Al decaer el segundo milenio, la península Ibérica se integrará en las rutas marítimas de comerciantes y aventureros del Mediterráneo y entablará relaciones con gentes de la Europa continental. Contagiados por la fiebre de plata que recorre las rutas del Mare Nostrum, mercaderes venidos de Oriente arribarán a las costas del sur y el Levante. Allí estrecharían lazos comerciales con las comunidades indígenas y fundarían nuevas colonias, diseminando su cultura y artesanía, sus delicadas cerámicas y piezas de orfebrería por todas las aldeas. Entretanto, la Meseta se encerraba en la tradición y el NORTE era visitado por hombres y mujeres procedentes de Europa. Bajo el hechizo de gentes transpirenaicas y el exotismo oriental, la península Ibérica iniciará su peregrinaje, primero en los RELATOS de viajeros y poetas, y después en las viejas CRÓNICAS de los historiadores griegos y romanos- a través de los caminos de la Historia. Úlima edición por tellagorri fecha: 28/Dec/05 a las 22:10. |