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Llevo un par de semanas reprimiendo la necesidad de escribir unas líneas en defensa de nuestro apellido ante la desgraciada polémica creada por el documental firmado por mi primo, Julio Medem Lafont. Deseaba que se olvidara rápidamente y que, entre todos, dejáramos de hacerle una innecesaria publicidad.
La gota que ha colmado el vaso ha sido el artículo que Ignacio Ruiz Quintano le dedicó el pasado martes en su columna de ABC. El juego despectivo que hace, con tilde y sin tilde, del apellido Medem, es un insulto para toda la familia. Julio Medem Lafont es el único responsable de sus manifestaciones, opiniones y actos, así como de sus simpatías políticas y dependencias económicas. El resto de los Medem que vivimos en España, unos ochenta entre tíos y primos, ni somos nacionalistas, ni somos vascos ni entendemos lo del «conflicto» vasco. Somos españoles de tres generaciones y casi todos descendemos de Hans Otto Antón Medem, nacido en Stallupönen (Prusia Occidental) en 1859 y afincado en Valencia como comerciante en 1884. La mayoría de nuestros parientes más próximos residen en la actualidad en Berlín. El apellido Medem está documentado en varias enciclopedias de Nobleza Alemana desde el siglo XIII, así que, de vascos, nada de nada. Para información de Alfonso Ussía, el padre de Julio (Julio también) nació, vivió y falleció en Madrid y es su madre, Margarita Lafont, la de San Sebastián. Hija de un comerciante conocido como «El Andorrano» por ser oriundo del ese principado y que tenía una camisería. Julio Medem Lafont no lleva sangre vasca, tiene lo que ha aprendido en su juventud. Es el ejemplar fruto de la inmersión y el adoctrinamiento. Ruego a los periodistas en general y a los articulistas de ABC, Ussía y Campmany en particular, que, a partir de ahora, se refieran a Julio Medem Lafont así, con sus dos apellidos, para que quede claro que es una persona la que está jugando con su prestigio y honor y no toda una familia que prefiere la discreción y el anonimato del trabajo diario. Mi primo Julio ya no me preocupa, ha recibido la bendición de Otegi, el beso de Judas. Juan Medem. |
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#2
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> BeltrandeBonlieu ha escrito:
> Llevo un par de semanas reprimiendo la necesidad de escribir unas líneas en defensa de nuestro apellido ante la desgraciada polémica creada por el documental firmado por mi primo, Julio Medem Lafont. Deseaba que se olvidara rápidamente y que, entre todos, dejáramos de hacerle una innecesaria publicidad. > > La gota que ha colmado el vaso ha sido el artículo que Ignacio Ruiz Quintano le dedicó el pasado martes en su columna de ABC. El juego despectivo que hace, con tilde y sin tilde, del apellido Medem, es un insulto para toda la familia. > > Julio Medem Lafont es el único responsable de sus manifestaciones, opiniones y actos, así como de sus simpatías políticas y dependencias económicas. El resto de los Medem que vivimos en España, unos ochenta entre tíos y primos, ni somos nacionalistas, ni somos vascos ni entendemos lo del «conflicto» vasco. Somos españoles de tres generaciones y casi todos descendemos de Hans Otto Antón Medem, nacido en Stallupönen (Prusia Occidental) en 1859 y afincado en Valencia como comerciante en 1884. La mayoría de nuestros parientes más próximos residen en la actualidad en Berlín. > > El apellido Medem está documentado en varias enciclopedias de Nobleza Alemana desde el siglo XIII, así que, de vascos, nada de nada. > > Para información de Alfonso Ussía, el padre de Julio (Julio también) nació, vivió y falleció en Madrid y es su madre, Margarita Lafont, la de San Sebastián. Hija de un comerciante conocido como «El Andorrano» por ser oriundo del ese principado y que tenía una camisería. > > Julio Medem Lafont no lleva sangre vasca, tiene lo que ha aprendido en su juventud. Es el ejemplar fruto de la inmersión y el adoctrinamiento. > > Ruego a los periodistas en general y a los articulistas de ABC, Ussía y Campmany en particular, que, a partir de ahora, se refieran a Julio Medem Lafont así, con sus dos apellidos, para que quede claro que es una persona la que está jugando con su prestigio y honor y no toda una familia que prefiere la discreción y el anonimato del trabajo diario. > > Mi primo Julio ya no me preocupa, ha recibido la bendición de Otegi, el beso de Judas. > > Juan Medem. > > |
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#3
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Por Alfonso USSÍA
JULIO Medem dice que no es nacionalista pero sí partidario de la autodeterminación. Este chico tiene unos pensamientos rarísimos. Es como decir: «No soy violento, pero me encantan los asesinatos». No voy a caer de nuevo en la tentación de hacerle publicidad. No obstante, su frágil personalidad merece un punto final. Ha dicho el equidistante que el Festival de Cine de San Sebastián no era el escenario oportuno para denunciar a la ETA. Para Medem, el rechazo al terrorismo se ajusta a oportunidades. Nada más oportuno, en mi opinión, que hacerlo en el Festival de Cine por ser el acontecimiento con más proyección nacional e internacional de la ciudad donostiarra. Nada más oportuno, y sigo con mi opinión, que hacerlo en la capital de la provincia mejor dotada de terroristas y cómplices del terrorismo. Nada más oportuno que hacerlo días después de haber sido desmantelado un comando de la ETA a punto de cometer otra de sus salvajadas. Para Medem sí fue oportuno lo del «No a la guerra», pero del «No a la ETA» nada quiso saber. Y a eso se le llama complicidad o miedo. Complicidad miserable o miedo insuperable. Ella estaba radiante cuando le fue entregada a él la Concha de Plata a la mejor interpretación. Ella estaba feliz y él se hallaba a dos palmos del escenario, en éxtasis de sobreactuación. Ella no llevaba ninguna pegatina, ni mensaje ni símbolo contra el terrorismo. Él, tampoco. Ella parece que ha superado su crisis emocional y económica por no haber sido nombrada para desempeñar un alto cargo «cultural» en Madrid como consecuencia del pacto entre Simancas y el comunista con barbas de la Visa Oro. Todo quedó en aguas de borrajas. Él, tan agresivo con Aznar cuando el desastre del «Prestige», tan contundente a favor de la solidaridad durante la guerra en Iraq, no consideró oportuno -siempre la oportunidad- ponerse del lado de las víctimas de la ETA y de la ciudadanía pacífica luciendo una pegatina al respecto. Ella es Pilar Bardem y él, Luis Tosar. A eso se le llama complicidad o miedo. Compliciddad miserable o miedo insuperable. Bueno, ya se sabe que el comunismo y la ETA jamás han padecido excesivos desencuentros, pero al menos, podrían disimular. También es posible que tanta prudencia sea consecuencia de algún consejo filiar. «Con la ETA ni una broma, que hacen pupa, Mamá». La ministra de Educación, Cultura y Deportes tuvo que soportar estoicamente toda suerte de insultos y groserías de los pegatinos en diferentes escenarios. El actual alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, les abrió su casa -y la de todos los madrileños- para que los pegatinos le insultaran mejor. Pero en San Sebastián, entre el público se sentaban etarras y batasunos, y con éstos hay que tener más educación y cuidado. Y ella y él son muy educados y cuidadosos con la ETA y con Batasuna, y no era el momento, que Medem pensaba que no era el momento y a Medem hay que respetarlo mucho, porque hace películas subvencionadas con dinero público que después se ofrecen por TVE, que está en manos de esos canallas del Gobierno que tratan tan mal a los genios de nuestra cinematografía, como son ella, él y Medem. Y muchos más pegatinos se han olvidado de la ETA en el Festival del Cine. El lujo niebla las realidades. Y también se han olvidado, con lo que les gusta viajar, presentarse en París -bien por Almodóvar y Marisa Paredes-, donde se reunían gentes del cine y del teatro de todo el mundo para exigir la libertad de Cuba y de los cubanos, entre ellos los poetas disidentes y los artistas encarcelados por el tirano. Tampoco era oportuno el viaje. Cínicos hasta la médula. Falsos hasta el hígado. Mamarrachos. Pupa, Mamá. |