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Derechos de un pueblo
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  #1  
Viejo 28/sep/04, 08:08
k_b
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Predeterminado Derechos de un pueblo

ETA: «Cuando se respeten los derechos de nuestro pueblo, habrá acabado el conflicto»
·«via de solucion» | En un video remitido con motivo del gudari eguna, la organizacion armada afirma que hay «una nueva oportunidad» para «poder encontrar entre todos la via de solucion adecuada»

«La clave para resolver el conflicto pasa por el reconocimiento del derecho de autodeterminación», subraya ETA en un video remitido con motivo del Gudari Eguna que se celebra hoy. La organización armada considera que Euskal Herria es un pueblo «al que no le dejan vivir», ya que «no somos libres para organizar todos los ámbitos de nuestra vida», y que ésa es «la razón de nuestra lucha». Ante la actual situación política, afirma que «ahora tenemos una nueva oportunidad» para resolver el conflicto, para lo que reclama «la voluntad necesaria» para «entre todos encontrar la vía de solución».


DONOSTIA


En un video remitido a GARA, ETA expresa que «el meollo del conflicto reside en que los ciudadanos vascos no somos libres para organizar todos los ámbitos de nuestra vida y que nos obligan a cumplir leyes de estados extranjeros. Esa es la razón de nuestra lucha. Queremos la libertad. La clave para resolver el conflicto pasa por el reconocimiento del derecho de autodeterminación de Euskal Herria. Cuando los derechos de nuestro pueblo y de sus ciudadanos sean reconocidos y respetados, se habrá acabado el conflicto».
En la grabación, que comienza con el sonido de la txalaparta, aparecen tres militantes de la organización armada en una zona boscosa. Su intervención es íntegramente en euskara. El video, de unos 15 minutos, recoge imágenes diversas: los tres activistas con diferentes armas y munición en la mano, una sesión del Parlamento de Gasteiz, operaciones policiales, cargas contra manifestaciones abertzales, atentados... Y finaliza con la imagen de un riachuelo y la lista de los nombres de militantes abertzales fallecidos, acompañada de los sones del “Eusko gudariak”.

La alocución, que corre exclusivamente a cargo de uno de los activistas, comienza señalando que «la nuestra es la historia de un pueblo al que no dejan vivir. Euskal Herria es un pueblo oprimido», a lo que agrega que «los burkides de ETA respondemos con las armas en la mano a la negación que nos imponen desde la fuerza de las armas. Por medio de la lucha, queremos evitar el aniquilamiento de los cimientos que nos convierten en pueblo».



«La palabra y la decisión»


La organización armada añade que «utilizamos la lucha armada para recuperar los derechos de nuestro pueblo. La función política de la lucha armada es recuperar la democracia vasca». Y destaca que actúa contra «aquellos que posibilitan, impulsan y garantizan la negación de los derechos de nuestro pueblo», y que «no tendríamos que defender Euskal Herria por medio de las armas si estuviese asegurada la capacidad de decisión de los vascos».
Tras indicar que «gracias a la lucha armada Euskal Herria tiene abierta la vía hacia la libertad», agrega que «la paz vendrá de manos de la justicia. Sin justicia, sin respeto a nuestros derechos, no habrá paz».

ETA también ofrece su lectura acerca de la actual situación política. Una coyuntura caracterizada, a su entender, por «el fracaso de las estrategias diseñadas por España y Francia para derrotar la lucha por la libertad de Euskal Herria. El origen del conflicto se nos presenta con claridad». Y en ello ha tenido que ver, a su juicio, el hecho de que «la izquierda abertzale, en estos años, ha dicho no a los estados de España y Francia, no ha aceptado ni el Estatuto de la Moncloa ni el Amejoramiento, que son hijos de la Constitución, y ha hecho caso omiso a sus cantos de sirena».

Considera que ha llegado el momento de «garantizar el futuro en libertad de Euskal Herria» ahora que «la experiencia del autonomismo de España ya ha dado todo lo que tenía que dar», para lo que aboga por «no imponer una salida en falso como en 1977-79, lo que sería una gran irresponsabilidad».

«Por eso no aceptamos ningún plan basado en la reforma del Estatuto de la Moncloa y en los intereses partidistas. Eso sería aplicar fórmulas parciales que sólo provocarían el prolongamiento del conflicto», manifiesta la organización arma- da, que, por contra, destaca que la izquierda abertzale «está dispuesta a desarrollar foros de encuentro entre las fuerzas de Euskal Herria con el objetivo de lograr el reconocimiento de Euskal Herria sobre la base de la autodeterminación».

«Ahora tenemos una nueva oportunidad *añade*; si tenemos la voluntad necesaria, entre todos encontraremos la respuesta y la vía de solución adecuada».



«Pasar de la dinámica de la reivindicación a poner las fuerzas en la construcción»
GARA

DONOSTIA

ETA también se refiere en el video al Estado francés, del que dice que «sólo ofrece una muerte lenta a nuestro pueblo». Pese a «los grandes avances de estas décadas», manifiesta que «todos los indicadores están en crisis» en Lapurdi, Nafarroa Beherea y Zuberoa, por lo que apuesta por «superar la dinámica de reivindicaciones que, una y otra vez, colisiona con la negación y el desprecio del Estado, y por poner todas las fuerzas en la construcción nacional, dando pasos con la perspectiva del conjunto de Euskal Herria».

En cuanto al «estado de excepción y las grandes agresiones que viene sufriendo Euskal Herria», considera que «aquellos que hablan de democracia mientras a los ciudadanos vascos les son conculcados sus derechos políticos cometen un fraude. Y denunciamos especialmente a quienes, colaborando con la estrategia de los poderes del Estado, utilizan la marginación de la izquierda abertzale para su propia promoción y la de sus amigos».

«Están muy equivocados los que crean que, marginando, secuestrando, torturando, encarcelando o matando a quienes tenemos por objetivo la independencia y el socialismo, lograrán que nuestro pueblo siga dividido y encadenado entre Francia y España. Los luchadores por Euskal Herria no nos rendiremos y Euskal Herria seguirá en pie», señala.

ETA opina que la izquierda independentista «tendrá que hacer frente a grandes retos los próximos meses. Y para ello será clave la lucha, la respuesta a la opresión y la organización. Porque nuestro pueblo se muere si no lo defendemos».



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  #2  
Viejo 28/sep/04, 10:10
l071
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Predeterminado Ideología nacionalista y democracia

Ideología nacionalista y democracia


El término "democracia" es, como tantísimos otros, multívoco y eso nos lleva a que en ocasiones se pueda defender con igual razón que algo o alguien es democrático y que no lo es. La aporía tiene una simple solución, porque lo que realmente sucede es que estamos utilizando un mismo término para dos conceptos. Problema al que deberíamos irnos habituando en el País Vasco.

Como es bien sabido, la democracia llegó al grito de "libertad, igualdad, fraternidad".

Pues bien, de manera muy sencilla, podríamos decir que una de las primeras acepciones de "democracia" está vinculada con el primer término de la tríada, con la "libertad" e incluye un sistema de libertades políticas, como celebración de elecciones, partidos políticos y asociaciones, incluso se podrían añadir otros elementos como libertad de información, legalidad, etc. Creo que el nacionalismo ha demostrado que, pese a su origen en el cual rechazaba todos estos elementos, y pese a que creo que le cuesta mucho adaptarse al concepto amplio de democracia (no olvidemos las declaraciones de Rubalkaba sobre sus deseos de que no existieran Tele5, Antena 3, etc), el nacionalismo sí que puede ser democrático en este sentido. Desde luego, el nacionalismo periférico se ha adaptado, mal que bien, a este sistema (no así los reductos de nacionalismo español que aún quedan) y aunque nadie sabe si es una cuestión de necesidad o de voluntad (los hay que sospechamos cuál es la respuesta correcta), es un hecho que viven en un modelo político con pluralidad de partidos, asociaciones, medios de comunicación, etc. Así pues, en este sentido el nacionalismo sí puede ser democrático (lo cual no significa que necesariamente lo sea).

Pero hay otra definición menos formal y más ideológica de la democracia, que estaría vinculada con el segundo término de la tríada democrática (igualdad) según la cual, la democracia es también el sistema que hace recaer los derechos, sobre todo la soberanía, no sobre un pueblo etno-cultural, sino sobre un pueblo político, conformado por ciudadanos iguales cuyos derechos se imponen por encima de las diferencias culturales. En este sentido el nacionalismo es esencialmente antidemocrático.

Hacer recaer los derechos políticos, la soberanía o el derecho de autodeterminación sobre el pueblo etno-cultural, como hace el nacionalismo, en lugar de sobre el pueblo político, lleva o al absurdo total, o a concepciones antidemocráticas. Y esto no es un capricho mío, o una ocurrencia. No, no, qué va. Esto es la esencia misma de la política desde el nacimiento de la democracia, desde la revolución francesa; basta para darse cuenta de ello con estudiar un poquito de historia del pensamiento. Fueron los contrarrevolucionarios franceses, con De Maistre a la cabeza y los antidemocráticos románticos alemanes, elaboradores del concepto del Volkgeist o espíritu del pueblo, quienes se opusieron en nombre de ese pueblo etno-cultural, en nombre de la tradición, en nombre de la nación etno-cultural, al pueblo político que está en la base de la democracia. Y ciertamente fueron el Carlismo primero y el nacionalismo después movimientos intrínsecamente anti-liberales, que reaccionaban frente al igualitarismo y el laicismo liberal (¿quién no recuerda el "Dios y Leyes viejas" que sigue siendo el lema del PNV?), es decir, reaccionaban contra la democracia.

Todo ello resulta muy coherente, porque la democracia, que viene de la mano de la ilustración y del liberalismo, precisamente centra su esfuerzo en situar los derechos de los individuos por encima de las culturas, en anteponer la razón a la tradición (cultura), es decir, en anteponer los derechos del pueblo político, constituido por ciudadanos iguales independientemente de su adscripción étnica (unido a través de complicados caminos históricos de guerras, pactos políticos, matrimonios, diplomacia, vínculos económicos, etc. y, de manera muy fundamental, a través del soberano), al pueblo cultural. De esta manera, quien pretenda hacer bascular los derechos de soberanía sobre el pueblo cultural, en lugar de sobre este pueblo político, está torpedeando en la línea de flotación a la democracia, no en su aspecto formal (concurrencia en las urnas, que por la situación histórica actual quizás se ve obligado a asumir), sino en su base doctrinal más amplia.

Y es que, si la soberanía, de la que emanan el resto de los derechos, recae sobre el pueblo cultural, parece lógico que no disfrute de tales derechos quien no forme parte de la etnia o quien no comparta la cultura... que no disfrute, al menos, del derecho primigenio de soberanía y que si disfruta de algún otro sea por simple derivación y decisión graciosa del pueblo (etno-cultural) soberano. ¿No? Porque no se entendería muy bien por qué, si los derechos son de ese pueblo etno-cultural que viene de la era de Pedro Picapiedra, alguien que no pertenezca a él, que no comparta cultura y/o etnia, y se limite a "compartir territorio", tendría que tener tales derechos. ¿Por qué un maketo, desde la visión nacionalista, tendría derechos? Ahí, sin duda, el ínclito Sabino era coherente. También es pura coherencia la limpieza de facto y la pérdida de derechos que se está produciendo a través del euskera en nuestra sociedad y tantas otras manifestaciones, como el considerar que los vascos son sólo los nacionalistas (con la totalitaria equiparación de cultura vasca a "cultura" nacionalista) puesto que en ellos reside esa "esencia metafísica" que permite que un pueblo con derecho de soberanía "permanezca" a través de los siglos y la historia, más allá de sus individuos, más allá de sus instituciones políticas, más allá de su historia. Y a esa concepción responde también el hecho incontrovertible de que los nacionalistas exijan (y consigan en muchas ocasiones) derechos que no se reconocen al resto (recordemos las amargas quejas del nacionalismo porque el sistema autonómico se hubiera convertido en "café para todos", o las manifestaciones de Pujol diciendo que se pretendía tratar a Cataluña como a Cuenca). Me parece, por tanto, claro, que el nacionalismo, en este sentido fuerte de la democracia, es profundamente antidemocrático.

Pero todavía se podría añadir, en directa relación con el punto anterior, una nueva definición de democracia, menos habitual y más discutible, que se vincularía con el tercer término de la tríada revolucionaria (fraternidad) y que añadiría a todos los elementos anteriores la solidaridad entre los ciudadanos (lo que sería un Estado Social y Democrático de Derecho). Este elemento, sin duda, es el más vaporoso y el que más se cuestiona que pueda dar lugar a una definición de democracia, pero ese debate no corresponde a este mensaje, sino que lo que corresponde aquí es el estudio de la articulación de la solidaridad desde una concepción que en lugar de girar en torno al pueblo político, gira en torno al pueblo etno-cultural. Pues bien, no cabe más que constatar que el nacionalismo, también en este sentido, resulta antidemocrático ya que la articulación de la política sobre el pueblo etno-cultural, determina que la solidaridad no recaíga sobre todos los ciudadanos, sino sobre la tribu, sobre el pueblo étnico, si se prefiere, lo cual no deja de ser obvio, puesto que al ser la comunidad etno-cultural lo que define al pueblo, es en justa lógica la comunidad etno-cultural la que define el primer nivel de solidaridad, dejando a todo el que quede fuera de dicha comunidad disuelto en el etéreo mundo de la solidaridad internacional, o lo que es lo mismo, el "cuasivacío".

De ahí que en el País Vasco, a pesar de tener una renta per capita superior a la media, actualmente, no cooperemos con la solidaridad del resto de España, y que continúe impuesto un sistema de cupo, con un cupo ridículamente bajo. De ahí que el Gobierno nacionalista vasco destine sus fondos a la solidaridad con los vascos nacionalistas en el extranjero (que entienden son los de la etnia...), conviertiendo los Centros Vascos en centros nacionalistas, como muy oportunamente se ha señalado en este foro. De ahí que una de las propuestas estrella del nuevo Estatuto de Maragall, sea equiparar la aportación de Cataluña al Estado con la del País Vasco, de ahí que sea increíble que los partidos de izquierda (Zapatero ha dado su completa adhesión al plan de Maragall) se sientan tan cercanos a un nacionalismo que es, esencialmente y en el sentido expuesto, insolidario: ¿de qué izquierda me están hablando?, ¿cómo es posible que puedan engañar a tanta gente?

Así pues, desde mi punto de vista, la ideología nacionalista sólo puede ser democrática en un sentido muy primario, ya que el corazón de su planteamiento político (la articulación en torno al pueblo etno-cultural... y nótese que no hablo ya siquiera del elemento racial para evitar polémicas estériles) lleva a una concepción absolutamente antidemocrática en sentidos un poco más amplios del término.

En otro momento, cuando tenga tiempo, trataré este tema, para quien pueda interesarle, no desde el punto de vista de la ideología nacionalista, sino desde los hechos del nacionalismo gobernante.

Un saludo a todos y gero arte.

Concalma
http://es.geocities.com/cnclm/
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  #3  
Viejo 29/sep/04, 13:01
l071
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Predeterminado Ocultar la historia


De la memoria y el olvido
José García Domínguez


De hecho, la del olvido es la única empresa pública bien gestionada que ha existido en Cataluña durante el último cuarto de siglo. Releo a Kundera y vuelvo a tropezarme con una frase que subrayé hace veinte años: “La lucha del individuo contra el Estado es el combate de la memoria frente al olvido”. Por alguna razón, esas palabras me llevan a pensar en el pintor Nazario, un juguete roto de aquella Barcelona libertaria de los setenta. Sigue en la Plaza Real. Hace poco lo vi, estaba sentado en la terraza del Glaciar. Ya nadie sabe quién es. La ciudad no lo tiene ni por mestizo, ni por charnego desagradecido, ni por nada. Simplemente, lo ha borrado de sus registros. No existe.

Ayer, Girauta, hablando del franquismo catalán, se preguntaba si nadie se acuerda de lo que fue. La respuesta es no, nadie lo recuerda. La razón es que por ley se estableció la amnesia selectiva. El decretó con el que se suprimía el pasado lo firmó Pujol el día que tomó posesión del Gobierno de la Generalidad. Justo en aquel instante, ni un minuto antes, nació la resistencia nacionalista contra Franco y, de paso, Nazario y su mundo dejaban de pertenecer a la realidad. Hasta hay una fórmula sarcástica, institucional y canónica para referirse a eso; lo llaman recuperar la memoria histórica.

Con Maragall, la norma sigue en vigor y se continúa aplicando cada día. Por ejemplo, si un viejo cura chiflado se declara amigo de ETA, en veinticuatro horas ese fragmento será borrado de los anales, y luego podrá recibir un homenaje público de las autoridades. O si el propio Pujol vuelve a hacer unas declaraciones racistas, todo el mundo se sorprende. Ocurre porque nadie consigue recordar que lleva cuarenta años diciendo y escribiendo lo mismo que manifestó hace unas horas. Y es que el decreto funciona con eficacia; tanta que, ahora mismo, en Barcelona ya no queda el más mínimo rastro público de lo que acaba de decir el ex presidente. Así, quien intente atribuirle esas ideas dentro de tres meses, naturalmente no será creído. La máquina nunca falla. De hecho, la del olvido es la única empresa pública bien gestionada que ha existido en Cataluña durante el último cuarto de siglo.

Lo que sí deben recordar todos es que nunca hubo franquistas catalanes. Por eso, aquel joven supo que el tema de su tesis doctoral le podría abrir muchas puertas en el futuro. Corrían los ochentas, y él acababa de licenciarse en Historia por la Universidad de Bellaterra. Durante los seis meses que permaneció encerrado allí, los empleados de la Filmoteca de la Generalidad no entendían qué pretendía averiguar con aquellos aparatos; ni por qué quería ver una y otra vez todas las películas de las visitas del dictador a Cataluña. El misterio se desveló cuando se despidió. Les dijo que no volvería más porque había renunciado a continuar su investigación. ¿La causa? No había conseguido descubrir ningún trucaje técnico. No lograba comprenderlo, pero todas las escenas de masas del No-Do eran auténticas.

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  #4  
Viejo 29/sep/04, 19:07
k_b
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Predeterminado Mala Memoria es Ocultar la historia

¿Ya no recuerdas que la Monarquía que te representa fue nombrada, refrendada e instituída a golpe de bala, por unas Cortes ilegales?

¿Ya no recuerdas que Fraga, Azanar, Cascos, Ruiz Gallardón, Piñar..etc...etc, eran apellidos de nobles villanos levantados en armas contra una república democrática?

¿Ya no recuerdas las provocaciones que realizó esta derechona, contra los pobres, los insumisos, los trabajadores o los curas en el país vasco?

MALA MEMORIA, EN ESO SE BASA EL TRIUNFO DEL ESTADO.

> l071 ha escrito:
>
> De la memoria y el olvido
> José García Domínguez
>
>
> De hecho, la del olvido es la única empresa pública bien gestionada que ha existido en Cataluña durante el último cuarto de siglo. Releo a Kundera y vuelvo a tropezarme con una frase que subrayé hace veinte años: “La lucha del individuo contra el Estado es el combate de la memoria frente al olvido”. Por alguna razón, esas palabras me llevan a pensar en el pintor Nazario, un juguete roto de aquella Barcelona libertaria de los setenta. Sigue en la Plaza Real. Hace poco lo vi, estaba sentado en la terraza del Glaciar. Ya nadie sabe quién es. La ciudad no lo tiene ni por mestizo, ni por charnego desagradecido, ni por nada. Simplemente, lo ha borrado de sus registros. No existe.
>
> Ayer, Girauta, hablando del franquismo catalán, se preguntaba si nadie se acuerda de lo que fue. La respuesta es no, nadie lo recuerda. La razón es que por ley se estableció la amnesia selectiva. El decretó con el que se suprimía el pasado lo firmó Pujol el día que tomó posesión del Gobierno de la Generalidad. Justo en aquel instante, ni un minuto antes, nació la resistencia nacionalista contra Franco y, de paso, Nazario y su mundo dejaban de pertenecer a la realidad. Hasta hay una fórmula sarcástica, institucional y canónica para referirse a eso; lo llaman recuperar la memoria histórica.
>
> Con Maragall, la norma sigue en vigor y se continúa aplicando cada día. Por ejemplo, si un viejo cura chiflado se declara amigo de ETA, en veinticuatro horas ese fragmento será borrado de los anales, y luego podrá recibir un homenaje público de las autoridades. O si el propio Pujol vuelve a hacer unas declaraciones racistas, todo el mundo se sorprende. Ocurre porque nadie consigue recordar que lleva cuarenta años diciendo y escribiendo lo mismo que manifestó hace unas horas. Y es que el decreto funciona con eficacia; tanta que, ahora mismo, en Barcelona ya no queda el más mínimo rastro público de lo que acaba de decir el ex presidente. Así, quien intente atribuirle esas ideas dentro de tres meses, naturalmente no será creído. La máquina nunca falla. De hecho, la del olvido es la única empresa pública bien gestionada que ha existido en Cataluña durante el último cuarto de siglo.
>
> Lo que sí deben recordar todos es que nunca hubo franquistas catalanes. Por eso, aquel joven supo que el tema de su tesis doctoral le podría abrir muchas puertas en el futuro. Corrían los ochentas, y él acababa de licenciarse en Historia por la Universidad de Bellaterra. Durante los seis meses que permaneció encerrado allí, los empleados de la Filmoteca de la Generalidad no entendían qué pretendía averiguar con aquellos aparatos; ni por qué quería ver una y otra vez todas las películas de las visitas del dictador a Cataluña. El misterio se desveló cuando se despidió. Les dijo que no volvería más porque había renunciado a continuar su investigación. ¿La causa? No había conseguido descubrir ningún trucaje técnico. No lograba comprenderlo, pero todas las escenas de masas del No-Do eran auténticas.
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  #5  
Viejo 1/oct/04, 15:03
l071
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Predeterminado Ilegitimidad republicana


No te engañes a ti mismo: la IIª República no era democrátoca en 1936 con el Frente Popular, poerque el gobierno había claudicado de su obligación de velar por el cumplimiento de la ley y en la calle reinaba la anarquía y la revolución .
En cuanto a las balas de la guerra solo decirte que son consecuencia de las que se dispararon ilegítima e ilegalmente desde 1931 a 1936 por la izquierda contra la derecha, la cual demostró no estar dispuesta adejarse asesinar ni abdicar de sus derechos ciudadanos. Lo pasado en Rusia se intentó repetir en España por los marxistas, pero los españoles de bien no lo permitieron.
A continuación pego un artículo en el que se explica mucho mejor de lo que yo pudiera hacerlo, cómo estaba en la Republica eso de las pistolas y las balas.

____SOBRE LOS TIROS, LAS PISTOLAS, EL DERECHO DE REUNIÓN Y OTROS DERECHOS HUMANOS___

[...] Hay que señalar que la CEDA siempre respetó las reuniones y mítines monstruo de los socialistas, que pudieron celebrarse con tranquilidad. ¡Hombre! a veces hubo tiros pero eran cosas, muy particulares, de ellos.
Se presentaron (1-6-36) a un mitin en Écija: Prieto, González Peña y Belarmino Tomás, fueron atacados por los bolcheviques (partidarios de Largo Caballero) a tiros… los salvó “la motorizada (escolta de Prieto)... protegían mi retirada con el fuego de sus pistolas ametralladoras”. “Negrín, apaleado fue rescatado por guardias civiles”. “Todavía no me explico cómo estoy aquí”, decía Prieto herido en la frente. Vidarte (dirigente PSOE), Todos fuimos culpables, V. I, p.199,200, El Sol, 2-6-36.
Claro que había hermosos y edificantes antecedentes, de los que don Pedro también estará orgulloso.
Melquíades Álvarez da un mitin en el Campoamor (18-6-31): Socialistas le interrumpen con gritos e insultos, entonces se presenta Teodomiro Menéndez, benéfico socialista y excelente demócrata, como bien sabe don Pedro, conmina a las señoras a que abandonen el teatro, pues iba a ocurrir una catástrofe, irrumpen en el escenario unos matones con garrotes, hay muchos heridos, don Melquíades se refugia en la tramoya y allí estuvo hasta bien entrada la noche. Con tal motivo se retira de las elecciones.
Los mítines de la derecha eran reventados por las izquierdas, con garrotazos, piedras y disparos. Así pasó en Palencia (8-11-31), Lugo (16-11-31), Granada (28-2-32), Palma de Mallorca (24-4-32), donde hasta Gil Robles tuvo que disparar para defenderse.
Siguen con el peculiar derecho de reunión, tan querido por don Pedro, y Azaña, nada sospechoso de franquista, nos cuenta: ”Conflicto de Valladolid (25-5-33). Anunciado un mitin –agrario (derecha)- los republicanos y socialistas… declararon que… lo estorbarían a toda costa, aunque fuese a tiros.. se hicieron gestiones cerca de los partidos republicanos y de la UGT para que desistieran de su hostilidad; pero sin resultado… Llamamos a Prieto y después de mucha conversación se decide la suspensión del mitin… Pero ante la probabilidad de que mañana ocurra una desventura y de que maten o hieran a unas cuantas personas... no queda ahora otra medida que tomar, sino la suspensión del mitin. Los republicanos y socialistas, furiosos… no comprenderían que se procediera de otro modo”. M. Azaña, Los cuadernos robados, Crítica, Barcelona, 1997, p. 297.
La CEDA convocó en el Escorial a sus juventudes. El Socialista, conminaba: “Somos millares y millares los que iremos de toda España a impedir ese crimen contra la clase obrera. Y si el gobierno lo autoriza, habrá un día de luto en el Escorial”. Los socialistas boicotearon el acto con sabotajes, apedreamientos de trenes y autobuses, y paros, a veces impuestos pistola en mano. Carrillo (socialista entonces) rememora: “Por primera vez habían actuado en diversas formas las milicias que estábamos empezando a organizar”. La víspera unos pistoleros ametrallaron a un grupo de cedistas cuando bajaban del autobús que los había traído a Madrid haciéndoles un muerto y un herido grave.. El Socialista, 20-3-34. Carrillo, Memorias, p.89.
Las Juventudes Socialistas tratan de impedirla levantando los raíles del tren. S. Carrillo, Demain l´Espagne, París, 1974, p. 42.
Los agrarios catalanes (derecha), unos 8.000, llegaban a Madrid. El PSOE convocó una huelga general, movilizó a sus milicias en acciones callejeras. “El eco de los tiroteos se extendió por la ciudad, los disturbios ocasionaron seis muertos”. El Socialista, 8-9-34, Tagüeña Líder de la Juventudes Socialistas), recogido en A. Padilla, 1.934, p. 191. El Debate, 10-9-34. L´humanitat, 10 y 11-9-34.
El Socialista (10-9-34). “la CEDA movilizó sus fuerzas. Gil Robles, que parecía decidido a exigir el Poder (que tío más raro, mira que pedirlo habiendo ganado ampliamente las elecciones, ¡estos de derecha tienen cada cosa!), habló ante los... catalanes... Las organizaciones obreras respondieron con la huelga general… era tan unánime que por la tarde dejó de funcionar hasta la radio e impidió que el ministro continuase dando sus comunicados... La clase obrera madrileña demostró ayer, nuevamente, que no se la vence con facilidad.”. No hay ningún caso en la República, que cuando la izquierda se concentraba, la derecha tratara de impedirlo de ninguna manera. Lo reconoce hasta Tuñón de Lara, notorio franquista como sabemos, en La España del siglo XX, que ya es reconocer.
Ya el 22-3-04, en el Ateneo Jovellanos de Gijón, lleno hasta la bandera, hablando de otro ferviente demócrata socialista, muy admirado de don Pedro, Don Francisco Largo Caballero, se empeña en convencernos, que el marxismo de Largo no era leninista y que su dictadura del proletariado no era dictadura sino pura democracia.
Largo, a pesar de sus firmes convicciones democráticas, fue Consejero de Estado con el Dictador Primo de Rivera hasta el fin del año 29, hay que recordar que Primo se fue, por que quiso, en enero del 30.
El 23-11-31 Largo, Ministro de Trabajo, ante la posibilidad de que las Cortes se disolviesen por no tener mayoría, llevaban 7 meses de República, amenaza: “Ese intento sólo sería la señal para que el PSOE y la UGT lo considerasen como una provocación y se lanzasen incluso a un nuevo movimiento revolucionario. No puedo aceptar la posibilidad, que sería un reto al partido, y que nos obligaría a ir a una guerra civil”. Acta de sesiones del Parlamento. El Debate, 24-11-31, Madrid.
Largo en febrero del 33: “si no nos permiten conquistar el poder con arreglo a la Constitución… tendremos que conquistarlo de otra manera”. Largo Caballero, Escritos de la República, Fundación Pablo Iglesias, 1985, p.34-5.
Largo amenazaba a la derecha en la campaña electoral de noviembre del 33, habían estado gobernando hasta entonces: “Se dirá: ¡Ah esa es la dictadura del proletariado!... No ocultamos que vamos a la revolución social. ¿Cómo? (Una voz en el público: ‘Como en Rusia). No nos asusta eso. Vamos, repito, hacía la revolución social… mucho dudo que se pueda conseguir el triunfo dentro de la legalidad. Y en tal caso, camaradas habrá que obtenerlo por la violencia… haremos la revolución violentamente (Gran ovación). Eso dirán los enemigos, es excitar a la guerra civil… Pongámonos en la realidad. Hay una guerra civil… No nos ceguemos camaradas. Lo que pasa es que esta guerra no ha tomado aun los caracteres cruentos que, por fortuna o desgracia, tendrá inexorablemente que tomar. El 19 vamos a las urnas… Más no olvidéis que los hechos nos llevarán a actos en que hemos de necesitar más energía y más decisión que para ir a las urnas. ¿Excitación al motín? No simplemente decirle a la clase obrera que debe preparase… Tenemos que luchar, como sea, hasta que en la torres y en los edificios oficiales ondee no la bandera tricolor de una República burguesa, sino la bandera roja de la Revolución Socialista”. El Socialista, 9-11-33. No parecía hacerle muchos ascos a la dictadura de proletariado leninista, eso sí democrática, como con tanta convicción nos contaba don Pedro.
“Si la legalidad no nos sirve, si impide nuestro avance, daremos de lado la democracia burguesa e iremos a la conquista del Poder”. G. Mario de Coca (socialista), Anti-Caballero, p. 89 y 90.
19-11-33. Ganan las elecciones las derechas. Largo insta ese mismo día a la Directiva del Partido a concretar “un movimiento revolucionario a fin de impedir un régimen fascista”. Citas y reuniones,19 y 26-XI-33, en S. Juliá, Los Socialistas en la política española, Madrid, Taurus, 1997, p. 199 y 200.
Largo decía en el Cinema Europa (1-10-34): “Nuestro partido, es ideológicamente, tácticamente, un partido revolucionario... Reivindico, citando a “nuestros maestros”, la dictadura del proletariado, que considero inevitable...¿Vamos a decir... que los rusos no hicieron lo que tenían que hacer?... El que conozca los episodios de esa revolución... no tiene derecho... a hacer la más mínima objeción. Largo, Discursos a los trabajadores, p. 94 y ss. Hay que reconocer que tenía un poco de fijación con el tema. Aunque claro, ya nos explica don Pedro, que era una dictadura democrática. Estos socialistas son un encanto explicando las cosas, parece mentira que no las entendamos a la primera, tengo que reconocer que soy torpe, a mi me cuesta. Y conste don Pedro que pongo interés. Ya, en campaña electoral del 36, insistía en el cine Europa (25-1-36): “adueñarse del poder político, convencido que la democracia es incompatible con el socialismo”. Claridad, 25-1-36. El Sol, 14,23 y 28-1-36. Evidentemente era un demócrata empedernido, esperemos que don Pedro, para bien nuestro y suyo, lo sea un pelín menos.
Como estarían las cosas que hasta el mismo Stalin le aconsejó que cubriera las formas, Largo, que era muy suyo, en carta (6-1-37) le dice: “en España nadie deseaba ni la sombra de un parlamento..”. F. Díaz Plaja, La Guerra de España en sus documentos, p. 91.
No aspiro a que un socialista pida perdón por ninguna de las muchas barbaridades contra la democracia que han cometido, es metafísicamente imposible, pero si rogaría a nuestro buen don Pedro, que me consta es buena persona y muy bien educado, al menos no presumiese de ellas.

Francisco Alamán Castro.
http://www.asturiasliberal.org/page/articulo/158659

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Unas palabras del historiador Pio Moa:

“Y hay otra razón a favor de la monarquía: el carácter ruin y botarate del republicanismo español. Azaña, buen conocedor de sus correligionarios, ha descrito inmejorablemente ese carácter. Cabría esperar que hubieran cambiado, pero no, y si alguien tiene alguna duda puede repasar sus toscas gracietas y protestas por la boda, exhibición de mezquindad. Hasta en sus bajezas sobre el dineral gastado yerran, pues ese gasto queda sobradamente compensado por el efecto publicitario internacional, beneficioso para toda la nación. Pero en nada se retratan mejor aquellos que en su reivindicación de la II República, reivindicación de una catástrofe a cuya repetición nos invitan incansables.

Para mí es un enigma el por qué de esta chifladura, pero su realidad está ahí, indiscutible. Quizá obedezca a la falta de sustancia intelectual –no así de destreza propagandística– en la tradición republicana. Muchos intelectuales arroparon a la II República, pero los principales de ellos, sus “padres espirituales”, tardaron poco en desengañarse. Quizá convenga recordar sus dicterios contra el engendro, y repetirlos con la misma tenacidad e insistencia que ponen los republicanos en contarnos sus cuentos de hadas sobre aquel régimen.[...]” (25-05-2004) Mejor la monarquía Pio Moa en Libertad digital.

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Viejo 2/oct/04, 05:05
k_b
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Predeterminado Monarquía Ilegítima

No todos fueron iguales. No se puede sostener la tesis de que los dos bandos hicieron lo mismo, con esta afirmación tan solo se persigue legitimar por igual a los golpistas y a los que defendieron la República democráticamente establecida.

En el 1936, la clase dominante española apoyada por el Ejército, decidió imponer su voluntad pasando por encima de las decisiones democráticas siguiendo el ejemplo de Italia, Alemania y Portugal. Pero el golpe fracasó debido a una inesperada resistencia, lo que condujo a una revolución y una guerra civil.

Las razones que movían a los facciosos no eran tales, la España del Frente Popular no estaba conspirando, la clase obrera no estaba armada ni existía ningún problema terrorista, esto no era más que una excusa. Simplemente la clase dominante tradicional no podía aceptar el reformismo republicano lo mismo que la Iglesia no podía aceptar la corriente laicista promovida por la República, y el Ejército los apoyaba.

La diferencia esencial entre las represiones entre los dos bandos es que la franquista fue desde un principio una represión de Estado, institucional, impulsada desde las esferas superiores, mientras que la republicana no fueron sino acciones incontroladas por parte de la acción revolucionaria aprovechándose del vacío de poder provocado por la sublevación fascista.

Los golpistas empezaron la represión desde los primeros momentos, los primeros fusilamientos fueron ordenados por Franco en la tarde del 17 de julio en las guarniciones africanas. Toda voz discordante fue acallada, como ocurrió con el obispo de Pamplona, Marcelino Olaechea, partidario del movimiento, que clamaba por el fin de la matanza: "¡Perdón!¿Perdón, sacrosanta ley del perdón.¡No más sangre!... No más sangre que la decretada por lo tribunales de Justicia, justicia serena, escrupulosamente discutida, clara, sin dudas, que jamás será amarga fuente de remordimientos...". Otra voz discordante fue la de Manuel Hedilla, jefe de la Falange, que en las Navidades de 1936 dijo: "Hay personas en nuestra retaguardia que no encuentran trabajo mejor que hacer que sembrar el odio contra Cataluña y las provincias vascongadas y, cada vez que revolviendo sucios fondos y viejas cuentas han logrado su propósito, quedan satisfecho como si hubieran logrado una gran acción. La doctrina de Falange es de amor y no de odio, de unión y no de desunión. En Cataluña, como en todas partes, hay españoles buenos y malos", fue una de las pocas voces que se levantó contra la represión en la España sublevada.

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Viejo 3/oct/04, 02:02
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Predeterminado Perdón por insistir


Creo que no me he explicado bien: lo que he querido decir es que
LA GUERRA CIVIL SE HIZO EN LEGÍTIMA DEFENSA.

Los pueblos tienen derecho a levantarse contra los gobiernos tiránicos cuando están en peligro sus vidas y sus haciendas y no se respetan las leyes ni los derechos humanos y hay una voluntad manifestada reiteradamente de terminar con partes concretas de la población. Desde el principio de la república se sucedieron los incendios de iglesias, bibliotecas y centros de enseñanza religiosa, con lo que ello suponía no solo de ilegalidad sino de ataque a extensos sectores de la población que se sentían identificados con el catolicismo, mientras el gobierno permanecía impasible. En las cortes, según consta en las actas, hubo diputados que amenazaron de muerte a las derechas, entre otros Pablo Iglesias, marxista fundador del PSOE. Al líder de la derecha Calvo Sotelo lo fue a buscar a casa la policía y lo asesinaron. Así es que si se levantaron en armas contra ese estado de injusticia al que no puede llamarse legítimo, hicieron bien, la prueba es que hoy en día a nadie se le ocurre hacer las barbaridades que perpetró la izquierda cuando gobernaba en la república. De hacerlas, seguramente se volvería a levantar la población contra el gobierno.

Incluyo a continuación dos anexos:

Anexo A: Reflexiones históricas

1.-A los monárquicos de la 2ª República, al haberse marchado el Rey, solo les quedaba la opción de hacer política en el modelo republicano, es decir el modelo
democrático, lo cual no excluía el que cuando estaba el Rey también se pudiera hacer política democrática, tal como sucede en Inglaterra, por no citar la España actual.

2.-En la 2ª República las únicas fuerzas que no eran democráticas, sino que buscaban la dictadura ( ya que explícitamente lo decían en los mítines y los Estatutos de sus partidos reflejaban que su objetivo de implantar la
dictadura del proletariado) eran las izquierdas marxistas, tanto socialistas como anarquistas y comunistas.

3.- Para las izquierdas de aquellos años, la República era un modelo burgués transitorio sobre la que había que hacer la revolución (ya se intentó y fracasó en octubre de 1934) para implantar la dictadura del proletariado.

No hará falta insistir en que la "dictadura" no es un modelo de gobierno democrático ni aún adjetivándola "del proletariado".



Anexo B: para profundizar en las causas del fracaso de la 2ª República y los orígenes de la guerra civil.

“LOS MITOS DE LA GUERRA CIVIL” por Pío Moa

Introducción:

LOS PERSONAJES DE LA REPÚBLICA EN LA MARCHA HACIA LA GUERRA

La voluntad de mentir se concentra especialmente en la presentación del pasado cercano [...]. No se abrirá de verdad el horizonte de España mientras no haya una decisión de establecer el imperio de la veracidad. Julián Marías

Sobre ningún episodio de los años 30 se ha mentido tanto como sobre éste [la guerra de España], y sólo en años recientes han empezado los historiadores a extraer la verdad de la montaña de mendacidad bajo la cual estuvo oculta durante una generación. Paul Johnson

La primera de todas las fuerzas que dirigen el mundo es la mentira. Jean François Revel
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En una conferencia que di sobre las causas de la guerra, un oyente me criticó indignado: «Usted no es imparcial. Si hubo una guerra, las culpas deben repartirse más o menos al cincuenta por ciento entre los dos bandos». Pretensión absurda, en nombre de una supuesta imparcialidad o espíritu reconciliador. Tal vez a una guerra hayan contribuido ambos contendientes por igual, o tal vez no. Muchos estudiosos, incluso de derecha, cargan casi toda la responsabilidad en el lado de Franco, por haberse alzado «contra un gobierno legítimo y democrático». El argumento es fuerte, si es verdadero, pero su veracidad sólo destilará de un examen cuidadoso.

Más interés que esta obviedad tiene la «culpa» misma. Sesenta años después, los sentimientos de culpa y acusación siguen vivos y usados como factor de legitimación política. Persiste un auténtico fanatismo en torno al asunto, y sigue válida la queja del historiador R. Salas Larrazábal sobre ciertas mentalidades blindadas contra los datos y la lógica. Un amigo me habló de un conocido suyo, incapaz de terminar Los orígenes de la guerra civil española, porque le deprimía ver puestas en tela de juicio ideas que él había tenido por firmes. Por mi parte, intento soslayar esa pesada disputa en torno a culpas por hechos tan antañones, y procuro más bien entender el pasado a través de las intenciones y valoraciones de sus protagonistas reales, de la lógica de sus actos, de sus objetivos y medios.

En los últimos dos decenios la bibliografía española y extranjera sobre la guerra ha aumentado mucho en cantidad, si bien no cabe decir lo mismo de su calidad, justificadora a menudo del dicho de Revel: «¿Qué es la ideología? Es una triple dispensa: dispensa intelectual, dispensa práctica y dispensa moral. La primera consiste en retener sólo los hechos favorables a la tesis que se sostiene, incluso en inventarlos totalmente, y en negar los otros, omitirlos, olvidarlos, impedir que sean conocidos.»

Un número muy elevado de los estudios publicados cae en enfoques y métodos típicos de esa propaganda ideológica.

Una falacia muy extendida consiste en identificar, implícitamente, los problemas con determinadas soluciones. Buen ejemplo ofrece Pierre Vilar, tan influyente en la historiografía española, en el comienzo de su libro resumen sobre la guerra civil: «Hay que encontrarle otros orígenes distintos a los de una mala combinación ministerial, una buena voluntad frustrada, la torpeza de un presidente. La España del siglo xx heredó del xix graves desequilibrios. Sociales: vestigios del antiguo régimen agrario, estructuras incoherentes de la industria. Regionales: un desarrollo desigual opone mental y materialmente, en el seno del Estado, antiguas formaciones históricas. Espirituales: La Iglesia católica mantiene una pretensión dominante a la que responde un anticlericalismo militante, político-ideológico en una cierta burguesía, pasional en las masas populares anarquizantes. Se trata, en primer lugar, de ponderar la fuerza de estos problemas. El empleo del término «desequilibrio» en lugar de «diferencia», sugiere una tendencia a la caída, al derrumbe. Implica, además, una igualdad social, espiritual y regional –prometida y nunca cumplida por algunas ideologías–, que garantizaría un equilibrio «correcto». Bajo la aparente exposición objetiva de los problemas se desliza así el prejuicio de que determinados partidos o doctrinas resolvían los desequilibrios, y otros los acentuaban.

Por lo demás, el análisis de Vilar es una obviedad en lo poco que tiene de real. En todo país y época hallamos desequilibrios sociales, regionales y espirituales. Ellos eran más acentuados en 1890 que en 1930, o en Portugal, Grecia, Polonia o Bulgaria que en España, y sin embargo ninguna de ellas sufrió conmoción semejante a la española de 1934 ó 1936. O considérese, en la misma Francia, la diferencia (creciente, según la doctrina marxista de Vilar) entre la oligarquía financiera y la masa de trabajadores peor pagados; entre la rica región parisina y la Auvernia; o, durante decenios, entre la pretensión dominante del Partido Comunista con sus millones de votantes deseosos de una dictadura proletaria a imitación de la URSS, correspondida por un anticomunismo político-ideológico y pasional de las masas conservadoras. ¿Por qué tales desequilibrios no engendraron en Francia una guerra civil –aunque el país estuvo cerca de ella también en los años treinta–, y en España sí?

Planteamiento similar vemos en libros no marxistas, como Spain betrayed (España traicionada): «La distancia entre ricos y pobres en España era inmensa, y la poderosa jerarquía católica hacía poco por mejorar las condiciones. El resultado fue que campesinos en la miseria y obreros descontentos apoyaban el anarquismo radical o el socialismo, reforzado con un acre anticlericalismo, mientras el liberalismo en España tendía a un mayor extremismo que en la mayor parte de Europa. Sin embargo los ricos terratenientes y ciertas áreas del país, especialmente en el norte, mantenían una visión incondicionalmente conservadora que excluía cualquier reconsideración de los males del país. Muchos españoles, de tendencia monárquica, veían la salvación de su país en las tradiciones propias españolas y en un gobierno fuertemente centralizado. Al mismo tiempo, los movimientos nacionalistas en las provincias vascas y Cataluña animaban a su gente a considerarse distintos de los castellanos que mandaban en Madrid…»

Esta mezcla de hechos, prejuicios y falsedades ayuda poco a entender la situación. ¿Comparada con qué países era «inmensa» la distancia entre ricos y pobres? Más pobreza padecían otros países europeos, y no obstante apenas cundió en ellos el anarquismo, o incluso el socialismo, el cual tuvo en cambio peso fundamental en varios países ricos. Es una osadía afirmar que la Iglesia no hacía casi nada por los desfavorecidos, cuando su red asistencial, de preparación profesional, enseñanza, etc., era cualquier cosa menos desdeñable. Por lo demás, ¿dependía de la «poderosa jerarquía eclesiástica» el desarrollo económico y la mengua de las diferencias? La vasta masa popular se seguía considerando católica, aunque mucha gente en todas las capas sociales fuera anticlerical, pero ¿procedía el anticlericalismo de la actitud de la Iglesia, o de unas ideologías hostiles por principio a la religión, y martilleadas sin tregua durante generaciones? Por otra parte, la tradición española no era centralista; al contrario, el centralismo va ligado más bien al liberalismo. Y sólo una parte de éste tendía al extremismo. Decir que en Madrid «mandaban los castellanos» es simplemente ridículo, y poco pertinente equiparar los nacionalismos vasco y catalán, el primero profundamente racista y separatista, bastante menos el segundo.

Sin duda en renta per capita, acceso a la enseñanza, mortalidad infantil, expectativa de vida etc., el país estaba bastante detrás de los del centro-noroeste europeo, pero, si consideramos el grupo de países, más numeroso, que rodea ese núcleo, la posición española no era tan mala. Al llegar la república, España venía a ser un país medio, económicamente atrasado en relación con los más ricos de Europa, pero, y esto tiene importancia, en vías de cerrar poco a poco la brecha con ellos. Como ha demostrado Stanley Payne, era ya un país bastante modernizado. Poseía una notable red de comunicaciones, una industria considerable, aunque muy concentrada en Vizcaya y Barcelona, pero radicada también en otras provincias, como Asturias, Madrid, Gerona, Guipúzcoa, etc. Un 75 por ciento de la población estaba alfabetizada, y el número de publicaciones periódicas era alto. Disfrutaba de un cierto esplendor en pintura, literatura, música, pensamiento, y de un desarrollo científico de segundo orden, pero en rápido desarrollo. Nada de ello, con ser fundamental, queda reflejado en el pretendido retrato de Spain betrayed.

Retrato aún menos fiel al no mostrar la evolución previa. Tampoco lo hace P. Vilar al mencionar la «herencia del siglo XIX», como si en los primeros treinta años del xx no hubiera sucedido nada de relieve, e implicando de paso una supuesta oposición entre modernizadores y partidarios de perpetuar el siglo XIX. Un buen modo de desfigurar la historia es contentarse con la foto fija, incluso si es buena, que en los casos vistos no lo es. España había permanecido semiestancada entre principios del siglo xix y 1875, debido a las numerosas guerras internas y externas, pronunciamientos militares, intrigas políticas, pobreza de la enseñanza universitaria, decadencia intelectual, etc. Suma de ello, su renta per capita apenas creció, y si en 1800 llegaba al 94 por ciento de la británica y francesa combinadas, en 1875 había bajado al 55 por ciento*. En cambio, a partir de la última fecha la sociedad española cobró un nuevo dinamismo.

Entonces, vencida la I República, que había llevado a la nación al borde de la desintegración y la ruina, el desorden disminuyó, al fundar Cánovas el régimen conocido como la «Restauración», porque restauraba la monarquía borbónica, bajo Alfonso XII. El sistema integraba las dos fuerzas liberales, la moderada y la exaltada, cuyas luchas y disputas habían marcado los decenios anteriores. Los exaltados o progresistas, parte de ellos republicanos, heredaban el espíritu jacobino, que en la Revolución francesa había destacado por su cerrado anticristianismo y por el uso del terror de masas y el genocidio en nombre de su concepto de la libertad. A los jacobinos se deben en España los pronunciamientos militares, sinónimo de la inestabilidad decimonónica, pues en el ejército tenían aquellos sus bases, comúnmente logias masónicas. Algunas de sus propuestas eran razonables, pero el comportamiento violento y epiléptico que las acompañaba, provocaba un temor y rechazo muy extendidos. En la Restauración, los jacobinos no republicanos renunciaron al viejo espíritu y, como Partido Liberal, aceptaron la convivencia con los liberales moderados del Partido Conservador, sobre la base del turno en el gobierno, siguiendo más o menos el modelo inglés.

La Restauración, época crucial en la historia contemporánea del país, evolucionó a una mayor democracia (sufragio universal desde 1890), aunque lastrada por la corrupción electoral (el «caciquismo»), pero con genuinas libertades de expresión, asociación, etc. El caciquismo, la dificultad para una política de altura a causa del continuo cambio ministerial, la escasa atención a la enseñanza pública, el muy desigual desarrollo económico, el proteccionismo excesivo y otros defectos del régimen, han recibido una crítica durísima por parte de sus enemigos y de historiadores e intelectuales tanto de derecha como de izquierda, desde Ortega y Gasset a Tuñón de Lara. Pero estudios como los de C. Seco Serrano, J. M. Marco, L. Arranz, J. Varela Ortega y otros, han cambiado la imagen de la época. Hoy el balance de la Restauración nos parece extraordinariamente positivo, comparado con la época anterior o con la II República: libertades, despliegue cultural, superación de los «pronunciamientos», estabilidad interna mantenida durante casi medio siglo –una verdadera proeza, dados los precedentes–, mayor complejidad social. Por primera vez desde comienzos del siglo xix España salió de su semiatrofia económica para crecer de modo sostenido y acelerado. Cabe especular con lo que habría sido la historia de España si aquel régimen no hubiera caído ante fuerzas políticas adversas. La II República y la guerra civil vienen a ser el resultado último de esa caída.

El esfuerzo integrador de la Restauración fue deshecho por las nuevas fuerzas surgidas al abrigo de las libertades y del desarrollo económico, sobre todo el socialismo, el anarquismo y los nacionalismos periféricos. Se ha achacado al régimen incapacidad para integrar esas fuerzas, pero la crítica no aprecia lo bastante el carácter revolucionario e intransigente de ellas, tan difícilmente asimilable. Los anarquistas asesinaron a Cánovas, Canalejas y Dato, quizá los tres políticos de mayor altura de la época junto con Antonio Maura, a quien también intentaron matar –como al propio rey Alfonso XIII, realizando para ello una auténtica carnicería–. El líder socialista Pablo Iglesias llegó a justificar en el Parlamento el terrorismo. Unos y otros rechazaban la sociedad liberal, cuyas ventajas tenían por irrisorias, aunque las aprovechasen a fondo mientras socavaban su legalidad, aliándose entre sí para intentonas revolucionarias. El nacionalismo vasco nació con definida vocación de arruinar el espíritu fraternal reinante de siglos entre los vascos y los demás españoles. El catalán, más moderado, y en ocasiones sostén de la ley, cayó a veces en extremismos y maniobró con los revolucionarios, mientras un sector de él basculó hacia posturas jacobinas*. El republicanismo, desacreditado tras la experiencia de la I República, intentó algún pronunciamiento militar, en la tradición jacobina**, y combinaba un sentimentalismo social sin clara salida práctica, con un impulso revolucionario próximo al anarquismo.

Al subrayar la incapacidad del régimen para integrar a esas corrientes, se olvida además que todas ellas pudieron organizarse, expresarse y participar en elecciones; que, pese a la corrupción electoral, o haciendo uso de ella, lograron a veces resultados excelentes en los ayuntamientos, y lucidos en las Cortes –salvo los anarquistas, por decisión propia–; y que su intensa agitación nunca les ganó al grueso de la opinión pública, refractario a sus programas, en parte por influjo del catolicismo.

La Restauración quebró en 1923, víctima de una ola de terrorismo sin precedentes, de los efectos del desastre militar de Annual, en Marruecos, demagógicamente, explotado por la oposición, y de la ineptitud de los políticos de la hora. Pero entonces quedó a la luz cómo las fuerzas revolucionarias y antiliberales, aunque muy capaces de arruinar el sistema, no constituían alternativa a él. Vino la dictadura de Primo de Rivera, y el PSOE colaboró con ella, desapareció el terrorismo anarquista (y el patronal), y republicanos y nacionalistas catalanes y vascos cayeron en una discreta pasividad, aunque la represión contra ellos fue suave, nada sangrienta, y siguiera publicándose mucha de su propaganda. Al mismo tiempo la gangrena marroquí quedó curada, y el desarrollo económico fue el más intenso habido hasta entonces.

Sin embargo la dictadura sólo podía ser una solución transitoria. Cuando, a los seis años y pico, Primo abandonó, salió a flote la arrasadora crisis moral de los partidos monárquicos y liberales, mientras saltaban a primer plano las fuerzas que el régimen liberal no había logrado encauzar. El 14 de abril de 1931 nacía la república. ¿Triunfaría ésta donde había fracasado la Restauración, logrando la convivencia de socialistas, republicanos jacobinos, anarquistas y nacionalistas, al lado de las corrientes conservadoras? Así cabía esperarlo, pues las fuerzas antes destructoras iban pronto a hacer suya la república, pese a haber sido llevadas al poder, paradójicamente, por líderes conservadores. España inauguraba una etapa histórica promisoria de una nueva y fructífera estabilidad sobre bases mucho más amplias que las de la Restauración, pues heredaba de la dictadura la mejor situación económica en un siglo y cuarto –aunque ensombrecida por la depresión mundial–, y la superación de los dos cánceres del régimen anterior: el terrorismo y la guerra de Marruecos.

En tales condiciones, casi espléndidas, la convivencia era el verdadero reto del nuevo régimen. De cómo lo afrontara dependía la solución o el agravamiento de los problemas o «desequilibrios». El marxismo de P. Vilar, aunque harto más flexible e inteligente que el tan frecuente en nuestros lares, le lleva a una falacia, al buscar el origen de la guerra en algo distinto a «una mala combinación ministerial, una buena voluntad frustrada, la torpeza de un presidente», como escribe con desenvoltura. Ciertamente no yace ahí la fuente de la guerra. Pero tampoco en los problemas o desequilibrios de aquella sociedad, y sí en la manera como abordaban esos problemas los partidos y sus dirigentes, y en el carácter ideológico y objetivos de éstos. A ellos debemos ceñirnos, pues no son los juicios del historiador sobre los problemas de la época los que influyen en la historia, sino los juicios de sus verdaderos protagonistas, los cuales quedan desvirtuados en enfoques como los de Vilar, tan sugestivos también para no marxistas, debido a su engañoso objetivismo. Una guerra civil no es efecto ineluctable de unas «condiciones objetivas» mejor o peor definidas por el historiador, sino un hecho político, fruto ante todo de las decisiones políticas del momento.

Pueden distinguirse en la república cinco etapas: una primera de formación, entre agosto de 1930 (Pacto de San Sebastián) y mayo de 1931, con equilibrio aparente entre las fuerzas conservadoras (Alcalá-Zamora, partido de Lerroux) e izquierdistas (socialistas y jacobinas).

La segunda, de jacobinización del régimen, disparada con la «quema de conventos», en mayo, manifiesta luego en una constitución netamente anticatólica, y asentada, en diciembre, en la coalición jacobino-socialista que gobernará hasta septiembre de 1933, veintiún meses caracterizados por las reformas de Azaña (en especial la del ejército, la agraria y el estatuto de Cataluña), dos insurrecciones anarquistas, el golpe de Sanjurjo y un gran desorden público. Hacia el final de ella, el PSOE rompe con los republicanos y se inclina por la dictadura del proletariado.

La tercera etapa, de reacción contra la política anterior, se extiende, tras un breve interludio, desde las elecciones de noviembre de 1933, ganadas por el centro derecha –sin que las izquierdas aceptasen el dictamen de las urnas–, hasta la rebelión armada del PSOE y de los nacionalistas catalanes de izquierda en octubre de 1934, contra el gobierno democrático. La rebelión, aun derrotada, comenzó la guerra civil, porque sus promotores mantuvieron e intensificaron un clima de crispación extrema.

En la cuarta destacan la inestabilidad política y las disensiones entre el gobierno de centro derecha y el presidente Alcalá-Zamora, hasta culminar en la liquidación del partido Radical de Lerroux, en septiembre de 1935, y la expulsión de la CEDA del gobierno, en diciembre, antes de tener tiempo de aplicar su programa.

La quinta y última etapa abarca desde la disolución de las Cortes, en enero de 1936, a julio del mismo año. La convocatoria de elecciones originó una campaña a la que cuadra el calificativo de feroz, y dio el triunfo electoral, en febrero, al Frente Popular, coalición de las fuerzas que en octubre de 1934 se habían sublevado contra la república o habían apoyado moralmente la rebelión. El resultado fue un período de extrema violencia contra la derecha, con esporádicas réplicas de un sector de ella, culminado en el alzamiento militar del 17 de julio.

Estas alternativas del régimen no pueden explicarse sin atender cuidadosamente a las formas de pensar, las apreciaciones de la realidad y las decisiones de los políticos implicados, cabezas de importantes fuerzas sociales. Por tanto, la primera parte de este libro abordará sus actitudes, que trazaron la marcha hacia la guerra. He procurado hacer comprensibles a los personajes, aunque sea esquemáticamente, y no juzgarlos, pues no me parece esta última la misión del historiador. La imagen resultante colisiona con la hoy mayoritaria, y ello podría deberse a mis inevitables errores o insuficiencias, aunque espero mostrar que obedece más bien a la defectuosa metodología aplicada a menudo al estudio de estos asuntos.

Un ejemplo ayudará a entenderlo. En su libro Las tres Españas del 36, P. Preston encara la significación histórica de Azaña, entre otros, y para ello empieza citando al general Mola, para quien el político republicano era un «monstruo que parece más bien la absurda experiencia de un nuevo y fantástico doctor Frankenstein que fruto de los amores de una mujer», merecedor de reclusión «para que escogidos frenópatas estudien en él un caso, quizá el más interesante, de degeneración mental ocurrido desde el hombre primitivo a nuestros días». Y Preston aclara: «Nada indica de modo más directo la importancia de los servicios prestados por Manuel Azaña a la Segunda República que el odio que sintieron hacia él los ideólogos y propagandistas de la causa franquista».

Tal presentación tiene auténtico valor propagandístico. La opinión de Mola, de entrada descalificada, refuerza la contraria del estudioso inglés, discrepar de la cual, viene a sugerirse, equivaldría a identificarse con la morralla franquista. Dicho autor usa mucho ese truco, tachando a sus discrepantes de apologistas de la «reacción»*. La propaganda es en buena medida un juego de sugerencias donde se escamotea la información real, y aquí ocurre algo de eso. Pero el valor propagandístico rara vez coincide con el historiográfico, y las frases de Mola, dictadas por la pasión de la lucha, no prueban nada pro o contra Azaña. Más interés tendrían otras de Unamuno o Marañón, y aun éstas carecen de sentido si no se contrastan con hechos concretos. Esos hechos los establece Preston así: «Las reformas hechas durante el primer bienio –la nueva Constitución, el voto de la mujer, el divorcio, las reformas militares, la separación de la Iglesia y el Estado, el Estatuto de Cataluña, la legislación laboral y la reforma agraria– fueron considerables, y cada una, a su manera, constituyó un desafío a los privilegios de la derecha.»

Nada más lógico, entonces, que el odio de los privilegiados y el afecto del pueblo hacia el autor de las reformas... Pero –omite el historiador– no fue la derecha, sino el pueblo quien retiró la confianza al líder republicano. Tras sus reformas, su partido quedó casi sin diputados. La opinión popular sobre los servicios de Azaña –y la opinión del propio Azaña, expuesta en sus diarios– era, pues, harto menos fervorosa que la de Preston, y no sin buenas razones, como veremos en el capítulo correspondiente.

Azaña, nos informa el autor, «concebía el ejercicio del poder como la práctica de la virtud; tenía razón, convencía con palabras y actuaba legislando». Cosas así se leen en S. Juliá y otros. Pero gobernar es mucho más que perorar o legislar, como sabía Azaña, aunque parezcan ignorarlo sus devotos. ¿Qué fue, si no, su amplio uso de la Ley de Defensa de la República, que de hecho invalidaba la Constitución y los derechos ciudadanos? No sólo la mayoría de sus reformas fracasaron, por diversas razones, sino que fueron escoltadas por duras represiones, por un brusco aumento del hambre, la delincuencia y los disturbios –de origen izquierdista casi todos–, del cierre de centros educativos prestigiosos sólo por ser católicos, etc. Datos nada triviales, que no impresionan al historiador –ni los cita–, pero que sí impresionaron a la población.

El victimismo, como eficaz técnica de propaganda, tiene su parte en Las tres Españas, al ponderar el odio feroz a Azaña por parte de la derecha. Cierto, el odio cumplía un gran papel en aquella política, pero tratarlo de manera historiográfica y no propagandística obliga, en primer lugar, a atender al odio recíproco de las izquierdas a los jefes derechistas. Baste señalar –Preston no lo hace– que Azaña no llegó a ser amenazado de muerte en el propio Parlamento, como sí lo fueron los derechistas Calvo Sotelo y Gil-Robles, cumpliéndose la amenaza en un caso y, casi, en el otro. Además, la aversión de la derecha a Azaña no era tan general, y el autor podría haber recogido frases laudatorias hacia él incluso de José Antonio, jefe del partido fascista. También podría comparar los juicios mutuos entre Azaña y Gil-Robles, mucho más razonables los del último. Y no vendría mal mencionar el odio profesado a Azaña por los ácratas, sobre todo después de la matanza de Casas Viejas, perpetrada por la republicana Guardia de Asalto. Después de todo no fueron las derechas, sino los anarquistas, quienes empujaron a aquél fuera del poder en 1933. Un retrato del prohombre alcalaíno debe tener en cuenta estas cosas, sin lo cual no puede aspirar a pasar por fiel.

El título del libro comentado, Las tres Españas del 36, ya es engañoso, aunque haya dado lugar a una de esas modas fáciles. No existieron «tres Españas», sino dos bandos enfrentados. En cada uno variaban enormemente el fervor y el compromiso según las personas, y se tuvieron al margen algunos individuos y grupos, como ocurre en cualquier guerra. Las razones de los abstencionistas, muy variadas y aun opuestas entre sí, forman un cajón de sastre y no llegaron a crear en ningún caso una corriente homogénea ni una opción política. Oponerlos como una «tercera España» a los contendientes es abusar de la credulidad o desinformación del lector. En fin, la historiografía, insistamos, tiene sus exigencias, distintas de las de la propaganda, y no admite tan fácilmente la atención exclusiva a los hechos favorables a la tesis y la omisión de los inconvenientes, como decía Revel.

Ofrecer una versión aceptable del papel de los personajes obliga a señalar su trasfondo ideológico. Así, el jefe socialista Largo Caballero enfocaba los problemas políticos y sociales desde el marxismo, según el cual la «clase obrera» tenía unos intereses históricos antagónicos a los de la «clase burguesa» y debía derrocar a ésta cuando las circunstancias madurasen. Maduración alcanzada, a juicio de dicho líder, en los años treinta. Sin atender a este factor básico, las explicaciones tienden a convertirse en galimatías.

En segundo lugar debe señalarse la importancia política del personaje. No pesaban lo mismo las ideas y soluciones de Largo, cabeza del partido más nutrido y organizado de la izquierda y quizá del país, que las de Andrés Nin o las de José Antonio, líderes de grupos marginales. El extremismo de unos podía ser decisivo, y el de otros no pasar de retórica. La diferencia no siempre es tenida en cuenta.

En tercer lugar, conviene comparar un mismo factor en los dos bandos o en sus dirigentes. Acabamos de ver, hablando de Azaña y el odio, cómo atender sólo a una parte distorsiona la realidad. Este defecto es muy frecuente. Suelen mencionarse, por ejemplo, las deficiencias en armamento de un bando, sin examinar las del contrario, el cual, queda sugerido implícitamente, nadaría en la abundancia. Así un reciente libro del estudioso inglés G. Howson sobre las armas de la república.

Una cuarta condición es apoyarse con cierta amplitud en las palabras de los propios personajes. Pero todos hablaron y a veces escribieron mucho a lo largo de los años, y, como humanos, caen en no infrecuentes contradicciones: ¿con qué palabras quedarse? ¿cuándo son significativos sus propósitos o justificaciones? Estas dificultades se superan aceptablemente relacionando las palabras con el momento en que fueron pronunciadas y con los actos. Si no, caeremos en otro efecto propagandístico muy común, al subrayar los buenos propósitos de algún dirigente o partido, al margen de sus acciones reales.

Anexo B: “LOS MITOS DE LA GUERRA CIVIL” por Pío Moa
ISBN: 8497340930 La Esfera de los Libros, S.L. Telfº: 912 960 200. http://www.esferalibros.com/

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Viejo 3/oct/04, 14:02
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Predeterminado La Iglesia va a pedir perdón

POR SU APOYO A LOS GOLPISTAS ¿LO SABES?

Mira los quer ayudaron a exterm inar a un pueblo que ni siquiera conocia de política:

LA IGLESIA ESPAÑOLA (NO LA RELIGION)
LOS TERRATENIENTES
LOS MILITARES AFRICANOS
LOS LEGIONARIOS COMO MILLAN ASTRAY
LOS MILITARES FASCISTAS

SUS ALIDADOS:

MUSOLINI
HITLER
MOHAMED III

Y PAQUITO MEDALLAS ACABO EXTERMINANDO A TODOS SUS SÚBDITOS HACIÉNDOLES MORIR HERÓICAMENTE EN LA DIVISIÓN AZUL, PARA QUITÁRSELOS DE ENMEDIO.

LOS ALIADOS DE PAQUITO EL ASESINO FUERON TRATADOS COMO SE MERECÍAN POR SUS PUEBLOS.

Son los pueblos los que tienen derecho a levantarse contra los gobiernos tiranos, no los militares contra el pueblo. (Vicente Blasco Ibañez)

Eres un golfo, |071.

*

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  #9  
Viejo 3/oct/04, 14:02
txacoli
Novato
 
Fecha de ingreso: 19/sep/05
Mensajes: 7
Predeterminado Tienes la mala costumbre de gritar. Es que no aprendes nada? (st)

> k_b ha escrito:
> POR SU APOYO A LOS GOLPISTAS ¿LO SABES?
>
> Mira los quer ayudaron a exterm inar a un pueblo que ni siquiera conocia de política:
>
> LA IGLESIA ESPAÑOLA (NO LA RELIGION)
> LOS TERRATENIENTES
> LOS MILITARES AFRICANOS
> LOS LEGIONARIOS COMO MILLAN ASTRAY
> LOS MILITARES FASCISTAS
>
> SUS ALIDADOS:
>
> MUSOLINI
> HITLER
> MOHAMED III
>
> Y PAQUITO MEDALLAS ACABO EXTERMINANDO A TODOS SUS SÚBDITOS HACIÉNDOLES MORIR HERÓICAMENTE EN LA DIVISIÓN AZUL, PARA QUITÁRSELOS DE ENMEDIO.
>
> LOS ALIADOS DE PAQUITO EL ASESINO FUERON TRATADOS COMO SE MERECÍAN POR SUS PUEBLOS.
>
> Son los pueblos los que tienen derecho a levantarse contra los gobiernos tiranos, no los militares contra el pueblo. (Vicente Blasco Ibañez)
>
> Eres un golfo, |071.
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