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mozárabes
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Viejo 7/sep/04, 00:12
chanchidrian
Novato
 
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Predeterminado mozárabes


MOZÁRABES
Por Jon JUARISTI/

LOS catalanes son los judíos de la derecha. Los gallegos son los mahometanos de la izquierda. Los andaluces son los hindúes del entresuelo y los extremeños se tocan las narices, porque, al parecer, aquí sólo trabajan los preclaros y laboriosos hijos de la Vilanova i la Geltrú. Con todo, la estulticia nacionalista palidece ante la imbecilidad con rango ministerial que proclama nuestra obligación (¿la de quién o quiénes?) de desarmar a los terroristas con la fuerza de las ideas (¿qué ideas, si se puede saber?). Medio centenar de pervertidos desnudan, deshidratan y asesinan a una muchedumbre de niños con sus madres, y al baranda de la cosa exterior se le ocurre que necesitamos reflexionar. Pues bien, he aquí mi reflexión, por si sirviera de algo: los pederastas caucásicos de la escuela de Osetia pertenecen al mismo club deportivo que voló los trenes madrileños el pasado 11 de marzo y ante el que la España progresista se rindió en pleno tres días después. Si les sales ahora con lo de la tregua olímpica, te harán, como mínimo, un corte de mangas. Y ni te digo cómo se van a poner cuando les recomiendes que lean al Petit ridicule. Probablemente ha llegado el momento de empezar a preocuparse. ¿Ideas? Repásense las expresadas a propósito del 11 de septiembre de 2001 por alguna que otra de las actuales directoras generales, turulata a causa de la luz del Cham.

COMO índice de la abundancia de ideas que abruma al partido guía, baste considerar el expediente con el que han resuelto o así los socialistas de la noble Euskadi su estreñimiento crónico. En efecto, ante la inminencia del debate parlamentario sobre el plan Ibarreche, lo más astuto era encargar la réplica del grupo a un nacionalista. Después de todo, ni a López ni a Eguiguren les pagan por pensar. A Emilio Guevara, tampoco, pero lo hace por afición. Andaba buscando desesperadamente un árbol del que colgarse y, a falta del roble ancestral de Guernica, desde cuya copa fue precipitado al abismo, no está de sobra un soto de alcornoques. Guevara no es un memo ni un advenedizo en la política vasca. Tuvo además el suficiente coraje y acaso también el sentido de la oportunidad necesario para solidarizarse con los movimientos cívicos como Basta ya! que sus antiguos compinches execraban. Nunca ha dejado de subrayar su condición de nacionalista, ni siquiera al comparecer estos días ante los medios como el autor del plan de reforma estatutaria del PSE-Euskadiko Ezkerra. Lógicamente, el plan en cuestión resulta tan nacionalista como el padre que lo paseó. De un nacionalismo, evidentemente, más moderado que el de Ibarreche y compañía, pero es que, junto a éste, cualquier otro parece leche merengada.

EL plan Guevara intenta recuperar el razonable gradualismo del nacionalismo anterior al Pacto de Estella: es decir, una estrategia sigilosa de desmantelamiento del Estado en la Comunidad Autónoma Vasca. La clave del éxito de dicha estrategia estuvo siempre en la condescendencia de los partidos de la oposición. La formación del frente nacionalista, como es sabido, irritó a éstos y se acabó lo que gratis se daba. Sin embargo, un sector no desdeñable del PSE y, desde luego, la mayoría de la dirección del PSOE no perdió nunca la esperanza de volver a las andadas. El desaliento de los socialistas vascos al comprobar que Ibarreche no se movía de sus posiciones tras el 14 de marzo explica su actual contubernio con uno de los más acreditados michelines que lastraban, según Arzalluz, la marcha del PNV hacia el esplendor de la independencia nacional. Del plan Guevara, esperan López y los suyos, podría salir un acuerdo con los nacionalistas para que éstos rebajen sus exigencias o, al menos, un desplazamiento hacia el PSE del voto nacionalista más vacilante o asustadizo. Si las cosas se tuercen, que es lo más probable, el partido de los socialistas vascos despertará, como un Gregorio Samsa y Etxebarria, convertido en escarabajo abertzale de baja intensidad. En cualquier caso, han vuelto ya a su añorada condición de pitufos mozárabes en el emirato euscaldún. Felicidades.

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  #2  
Viejo 7/sep/04, 15:03
l071
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Predeterminado Según el Honorable Winston Churchill...

Según el Honorable Winston Churchill, la primera victima de la guerra es la verdad. Difícil resulta discutir la justeza de esta afirmación del viejo león británico. A partir de la guerra franco-prusiana de 1870, y en el curso de todos los conflictos bélicos de nuestro siglo, la propaganda basada en atrocidades, reales o supuestas, del adversario, ha entrado a formar parte delarsenal ideológico, cada vez más indispensable para la obtención de la victoria final.
En el curso de la Primera Guerra Mundial, los Aliados, que monopolizaban casi por entero las agencias de noticias en todo el mundo, acusaron a Alemania de las mayores barbaridades. La propaganda sobre las atrocidades se convirtió en manos de hombres inteligentes pero desprovistos de escrúpulos, en una ciencia exacta. Increibles historias de la barbarie germánica en Francia y Bélgica crearon el fraude de una excepcional bestialidad de los alemanes; fraude que continúa coloreando la mente de muchas personas en la actualidad. Los ulanos, se informó gravemente al mundo, se divertían arrojando al aire a los bebés belgas y ensartándoles con sus bayonetas al caer; también cortaban las manos de las enfermeras de la Cruz Roja. La prensa y la radio anglosajonas anunciaron la crucifixión de prisioneros canadienses. Aunque tal vez, la «noticia» más repulsiva y ampliamente puesta en circulación se refería a una fábrica para el aprovechamiento de cadáveres, en la cual, los cuerpos de los soldados, tanto alemanes como aliados, muertos en combate, eran «fundidos» para aprovechar la grasa y otros productos útiles al esfuerzo de la guerra de los Imperios Centrales. El hecho de que Arthur Ponsonby, eminente historiador y político británico, demoliera la fábula, no impidió al Fiscal soviético en el Proceso de Nuremberg de acusar otra vez a Alemania de haber montado una fábrica de jabón hecho con grasa humana, en Danzig, en 1942.
Aún cuando numerosos escritores de la escuela revisionista histórica, tanto en Francia como sobre todo en Estados Unidos, desmitificaron la imagen maniquea de vencedores y vencidos, los que se llevaron la palma del «fair play» fueron, dicho sea en su honor, los ingleses, y su Ministro de Asuntros Exteriores, ante la Cámara de los Comunes, presentó públicamente excusas por todos los ataques al honor de Alemania, reconociendo explícitamente que se trataba de propaganda de guerra. En realidad, esto era normal. En tiempo de guerra la necesidad determina la ley y preciso es reconocer que el coktail de sinceridad, nobleza y cinismo servido por el Secretario del Foreign Office resulta impar en la Historia. Ahora bien, una confesión de ese talante no se ha hecho tras la Segunda Guerra Mundial. Al contrario, en vez de difuminarse con el paso del tiempo, la propaganda sobre las atrocidades alemanas y, de manera especial, la manera como fueron tratados los judíos europeos durante la ocupación de buena parte del Continente por las tropas de la Wehrmacht, ha ido en aumento. Hoy en día, en la Televisión australiana y en la noruega, en la soviética y en la norteamericana aparecen docenas de films sobre los campos de concentración. La literatura concentracionaria, a los treinta y tres años de finalizada la tragedia, continúa lanzando nuevas ediciones al mercado. Martilleando retinas y cerebros de las gentes, una cifra horrorosa: Seis millones de judíos asesinados por los alemanes. El mayor genocidio de la Historia, perpetrado con increíble brutalidad en la tierra que vió nacer a Kant y a Beethoven, a Goethe y a Schiller.
La misma magnitud de tan horrendo crimen colectivo ha movido a centenares de historiadores a ocuparse del tema. Desde las ediciones de lujo, encuadernadas en piel y gravemente recomendadas por los titulares de cátedras univesitarias, hasta las ediciones de bolsillo con cubiertas alucinantes han llegado a imponer como axiomática la tesis de que, efectivamente, seis millones de personas, sin otro motivo que su pertenencia a un grupo racial determinado, fueron exterminadas por diversos procedimientos, destacando entre ellos, los gaseamientos y las incineraciones, en vivo, en los hornos crematorios. Pero muchos otros escritores e historiadores han puesto en duda, o han negado resueltamente, la realidad del holocausto. En las páginas que siguen creemos haber demostrado, de manera irrefutable, que éstos tienen razón y que el hecho de pretender sostener, hoy en día, que entre 1939 y 1945 seis millones de judíos fueron exterminados, a consecuencia de una política Oficial de las autoridades alemanas es una acusación cuyo único fundamento son sus móviles políticos. El Autor se da perfecta cuenta de que, como toda afirmación que no sigue la corriente de las verdades oficiales, la conclusión establecida en el párrafo precedente será mal acogida por los más. No obstante es el resultado de una investigación iniciada sin ideas preconcebidas, varios años ha, y basada en la lectura de casi tres centenares de obras versando sobre este tema, así como más de un millar de artículos periodísticos. Es también resultado de innumerables conversaciones con supervivientes de la persecución nazi, todos ellos milagrosamente salvos. Y es, finalmente, consecuencia del sencillo manejo de la Aritmérica y del sentido común.
Tal como el lector podrá comprobar por la lectura de las páginas que siguen y por la bibliografía de la presente obra, se excluyen deliberadamente los testimonios exculpatorios de los acusados o de personas que hubieran desempeñado un cargo público en Alemania o en Austria entre 1933 a 1945. Unicamente citamos, en apoyo a nuestra demostración, a testimonios de parte contraria, a enemigos de Alemania o del régimen nacionalsocialista y a diversos autores políticos judíos. En las páginas.que siguen se revela, no solo la falsedad de la imputación de que seis millones de judíos fueron exterminados por los nazis, sino los motivos que hay para que poderosas Fuerzas Internacionales estén desesperadamente interesadas en la persistencia de ese fraude.
Por los motivos, razones, excusas o pretextos que fueran, la Alemania Nacionalsocialista, considerando a su comunidad judía como un elemento halógeno y hostil a la nación, tomó una serie de medidas administrativas y políticas, destinadas a limitar progresivamente, hasta llegar a la eliminación de su influencia social y política dentro de los límites territoriales del III Reich. No es propósito de esta obra elucidar el fundamento o la improcedencia de los reproches formulados por el gobierno alemán contra los judíos de nacionalidad alemana, No obstante, preciso es dar un salto atrás para examinar los antecedentes históricos que determinaron la hostilidad del Pueblo Alemán contra su comunidad judía. Si la expresión «Pueblo Alemán» parece desenfocada y excesiva en este caso, puede sustituirse por «Movimiento Nazi», pero no debe olvidarse que los nazis, llegados al poder a consecuencia de una victoria electoral, no disimularon nunca sus tendencias antijudías, perfectamente plasmadas en su programa, conocido desde 1923 y reiteradamente proclamado en múltiples ocasiones, y que una mayoría de electores dieron su voto a este programa.

A mediados del Verano de 1916, el Gabinete de Guerra Británico, obligado por las circunstancias adversas, empezó a considerar seriamente la posibilidad de aceptar la oferta alemana de una paz negociada sobre la base de un statu quo anterior. La situación era desesperada para Inglaterra. Las trópas alemanas ocupaban gran parte de Bélgica y Francia; Italia se tambaleaba ante los rudos golpes del Ejército Austro-Húngaro; el gigante ruso se desmoronaba. La campaña submarina alemana había logrado un efectivo bloqueo de Inglaterra, cuyas reservas de alimentos apenas alcanzaban para tres semanas; el Ejército Francés de amotinaba... Desde el principio de la guerra, la Gran Bretaña había prodigado sus aperturas hacia prominentes financieros norteamericanos, de origen judío-alemán con objeto de enrolar a los Estados Unidos al servicio del esfuerzo de guerra británico. Esas aperturas no se vieron en principio, coronadas por el éxito, debido especialmente al hecho de figurar en el bando Aliado la Rusia Zarista, cuya actitud hacia los judíos fue, tradicionalmente hostil. Ello trajo como consecuencia un fuerte sentimiento de hostilidad a Inglaterra por parte de la Finanza norteamericana. Además, Alemania estaba demostrando una dosis de consideración y benevolencia para con los judíos del Este de Europa, particularmente en la ocupada Polonia, donde eran muy numerosos. La diplomacia inglesa fué incapaz de contrarestar, desde 1914 hasta 1916, los fuertes Sentimientos pro-alemanes de los financieros norteamericanos.
Los sionistas se enteraron pronto de la oferta de paz hecha por Alemania a Inglaterra. También se enteraron de que el Gábinete de Guerra británico estaba considerado seriamente la posibilidad de aceptar la oferta germánica. Los sionistas, encabezados por Lord Rothschild y Lord Melchett, de Londres, propusieron un acuerdo entre el Gobierno Británico y la Organización Sionista Mundial, según la cual, a cambio del reconocimeinto de un Hogar Nacional Judío en Palestina, se comprometían a usar su influencia para conseguir la entrada de los Estados Unidos en la guerra, al lado de Inglaterra y sus Aliados. Con objeto de lograr mantener su liderazgo mundial, la Gran Bretaña optó por seguir luchando, con los Estados Unidos como Aliado, rechazando las ofertas alemanas. La sagacidad tradicional de los políticos ingleses falló en esta ocasión. Olvidaron que los que buscan protectores, sólo encuentran amos, y sólo vieron que con la ayuda norteamericana y el desangre de Francia podrían derrotar a Alemania e impedir la construcción de la vía férrea Berlín-Bagdad que, evidentemente, ponía en peligro la hegemonía mundial inglesa.
Los hombres de Westminster y del Foreign Office, aparentemente, sólo veían un aspecto de la situación. Creían que la aceptación de la oferta de paz alemana, una paz empate, dejaría al Reich las manos libres para proceder a la puesta en marcha del proyectado ferrocarril, que, en sólo ocho días permitiría trasladar un ejército desde Hamburgo, en el Mar del Norte, hasta Bassorah, en el Golfo Pérsico, por la concesión otorgada al Kaiser Guillermo II por su amigo personal y aliado, el Sultán del Imperio Otomano.
En el momento de estallar la I Guerra Mundial, el Imperio Otomano incluía los territorios conocidos desde las Conferencias de Paz de Versalles, en 1919, como Turquia, Líbano, Siria, Irak, Arabia Saudita, Yemen, Kuwait, Palestina y Jordania. Según la concesión otorgada por el Imperio Otomano al Reich Alemán, la vía férrea enlazaría, en territorio otomano, las ciudades de Constantinopla y Bassorah. Alemania tendría un rápido, eficaz y seguro acceso a los mercados y a los recursos naturales del Lejano Oriente, sin estar a la merced de la «Home Fleet». Hasta entonces, el tráfico alemán sólo podía hacerse por vía maritima, a través del Mediterráneo, con la aún inexpugnable fortaleza de Gibraltar en un lado y en el Canal de Suez, controlado por Inglaterra, en el otro. Sólo quedaba la ruta del Cabo de Buena Esperanza, igualmente dominada por Inglaterra. La ruta más corta entre Hamburgo y Bombay requeria, entonces, cuatro semanas, que los ingleses podían convertir en seis o siete con sólo crear problemas burocráticos en Port-Said o en Suez, y la más larga de nueve o diez semanas. El mismo viaje requeriría de seis a ocho días, a un costo mucho más reducido, por la yia férrea Berlin-Baghdad.
Salta a la vista que la realización de esa Vía férrea era un peligro para la hegemonía militar y comercial, y, en definitiva, política, de Inglaterra. El joven Imperio Alemán era, potencialmente, un contrincante peligroso. Además el Sultán del Imperio Otomano, tras ser derrotado por la Rusia Zarista poco después de la Guerra Franco-Prusiana de 1870, concertó un acuerdo con Guillermo II para la reorganización de su ejército por instructores militares alemanes. Una gran amistad personal surgió entre el Kaiser y el Sultán, lo que evidentemente facilitó la concesión de la Vía férrea Berlin-Baghdad. La diplomacia británica apeló sin éxito a toda clase de halagos y presiones para que la concesión fuera cancelada, pero fracasó en sus propósitos. En vista de ello, Inglaterra ofreció costear la construcción de la vía férrea, a cambio de la mitad de los derechos de la concesión. La propuesta inglesa se completaba con la oferta de dividir, prácticamente, el mundo, en dos esferas de influencia, esperando con ello monopolizar el comercio mundial entre la Gran Bretaña y el Reich, lo cual prometía inmensos beneficios mutuos, aún cuando Inglaterra seguiria siendo, en ese caso, el «primus inter pares», políticamente hablado.
Alemania era una joven nación que aún no pocha financiar, sóla, la realización de aquella inmensa obra, Pero la oferta inglesa fué rechazada. Alemania entonces, podía sólo financiar la construcción de tramos limitados, y aún ello con la asistencia de los banqueros alemanes, muchos de ellos y los más prominentes de raza judía, y deseosos de prestar dinero a su gobierno. Los políticos ingleses, cada vez más preocupados por el creciente pretigio del «Made in Germany» y por el inmenso aumento de poder militar, comercial y político que concedería a Alemania la construcción del ferrocarril Berlin-Baghdad, decidieron que la única solución que les quedaba era aplastar a Alemania en una guerra que eliminara para siempre la amenaza de la tan temida vía férrea. Estaba claro que si el Reich era derrotado, en su caída arrastraría a su aliado otomano, cuyo territorio se convertiría en botín de guerra en la posterior conferencia de paz dictada por Londres, cortando así el paso terrestre de Alemania, Austria-Hungría o Rusia hacia la India, la clave de bóveda de todo el Imperio Británico.
Con tal propósito Inglaterra premeditó, provocó y precipitó la I Guerra Mundial para aplastar a Alemania. En. 1904, la Gran Bretaña hizo aperturas diplomáticas a Francia, en busca de una «alianza defensiva conjunta» contra Alemania. Los franceses, humillados por el recuerdo de la severa derrota en 1870, aceptaron inmediatamente la propuesta. El recuerdo da Sedán no fué el único motivo, ni siquiera el principal. Más importantes fueron el temor francés ante la fenomenal expansión militar e industrial de Alemania, y la dependencia política de Paris con respecto a Londres, después del bofetón diplomático de Fashoda. Francia no estaba en posición de rehusar la oferta. Inglaterra propuso luego a la Rusia Zarista una alianza similar, también «defensiva» y también contra Alemania. A cambio de la participación rusa en la Entente, Gran Bretaña se comprometía a hacer posible la realización del viejo sueño moscovita del control de los Dardanelos, como paso a los «puertos de aguas calientes». Rusia seria recompensada con los despojos del Imperio Otomano, el aliado de Alemania.
La activa y admirable diplomacia inglesa logró enrolar aún nuevos miembros en la Entente, como Italia apartandola de la alianza alemana el Japón, Portugal, Serbia y Montenegro. Habiendo completado el cerco estratégico de Alemania, los diplomáticos británicos esparcidos por todo el mundo, hicieron cuanto estuvo en su mano para provocar a Alemania con objeto de que ésta cometiera un «acto de agresión» calificado. La oportunidad codiciada por Inglaterra se produjo en Julio de 1914, con motivo del asesinato del Principe heredero de la Corona Austríaca, Francisco Fernando. Ninguna persona en su sano juicio, puede aceptar que ese asesinato fué la «razón» o la «causa» de la I Guerra Mundial. Ello fué sólo la excusa para la puesta en marcha del plan británico para aplastar a Alemania. No importa establecer si fué Alemania, o si fué la Rusia Zarista quien movilizó primero a sus tropas, o si fué un ejército o el otro quien primero se internó, en unos centenares de metros, en territorio enemigo. La confusión, intencionadamente creada, por el retraso en las comunicaciones, hizo la guerra inevitable.
No obstante, en el transcurso de los dos primeros años, la suerte de las armas fue totalmente adversa a Inglaterra y sus Aliados, Pero la entrada en guerra de los Estados Unidos como nuevo y decisivo aliado de Inglaterra transformó las victorias alemanas de 1914 hasta 1917 en la ignominiosa derrota de 1918. Es innegable que el Acuerdo de Londres, del que saldría la posterior Declaración Balfour para la creación de un Hogar Nacional Judío en Palestina fué el causante de la entrada de los Estados Unidos en la contienda y la posterior derrota de Alemania.
Los alemanes han estado siempre convencidos de que si los sionistas no hubieran propuesto los Acuerdos de Londres al Gabinete de Guerra Británico, el Gobierno Inglés hubiera aceptado la propuesta alemana de paz y la guerra hubiera terminado en 1916 y no en 1918.
Siempre existieron relaciones sumamente cordiales entre Alemania y la Organización Sionista Mundial, cuya sede central, hasta el año 1915, se hallaba en Berlín. Durante siglos Alemania había sido el refugio de los judíos procedentes de Rusia y Polonia, de donde huían por la frecuencia de los «pogroms» que allí sufrían. El Edicto de Emancipación, dictado en 1812, dió a los judíos la igualdad de los derechos civiles con los alemanes, en la mayor parte de los territorios de la actual Alemania. Ningún otro país, ni siquiera la Francia Republicana, había concedido aún la total igualdad a los judíos. El Edicto de Emancipación atrajo a los judíos a Alemania con preferencia a otros países..
El Kaiser apeló en numerosas ocasiones, entre 1895 y 1915, al Sultán, en favor de los sionistas. Guillermo II deseaba que el Imperio Otomano garantizara una concesión territorial a los sionistas para la creación de un «Estado Judío» en Palestina; incluso se desplazó personalmente a visitar al Sultán con este propósito. Los esfuerzos del Kaiser en pro de la causa sionista continuaron hasta 1916, cuando se produjo el Acuerdo de Londres, calificado por un judío norteamericano, Benjamín Freedman, de «puñalada por la espalda». (1) La mala disposición del Sultán hacia el proyecto, el hecho de que Alemania ofreciera a Inglaterra una «paz tablas», sin cambios territoriales y con retomo a las fronteras de 1914; la situación en que se encontraba Inglaterra, que la obligaría a aceptar cualquier condición a cambio de la ansiada participación norteamericana en la contienda, movieron a los prohombres del Sionismo a proponer su ayuda a la Gran Bretana.
Numerosos escritores norteamericanos (2) han narrado detalladamente las medidas tomadas por el movimiento sionista para hacer entrar en la guerra a los Estados Unidos. Curioso es el cambio, que, en unos meses, se hace dar al Presidente Woodrow Wilson, un auténtico «détraqué» sujeto a deficiencias psico-sexuales. Cuando, al principio de 1916, el Sionismo todavía espera que el Kaiser obtendrá para los judíos el territorio de Palestina y Wilson hace tentativas para obtener la paz (una «pax germanica») y Londres y Paris ni siquiera se dignan responder a sus propuestas, Wilson exclamará que «ingleses y franceses hacen gala de una exasperante mala fé». (3)
Texto completo: http://aaargh-international.org/espa/libros/Bocha1.html

NOTAS:
1.- Benjamín H. Freedman: «Common Sense», Unión, NJ, 1976.
2.- Elizabeth Dillings: «Plot against Christianity»; William Guy Carr «Paws in the Game»; Olivia Marie O'Grady: «Beast of the Apocalypse»; Michael F. Connors: «The Development of Germanophobia», etc..
3.- Georges Bonnet: «Miracle de la France».
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  #3  
Viejo 18/sep/04, 02:02
l071
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Predeterminado El valenciano más antiguo que el catalán

La lengua valenciana es más antigua que el catalán.-

---La llengua de Carod-Rovira es el valencià-----
Guillermo Dupuy

¿No decía Carod, que “era sólo una cuestión de nombres”? Pues ala. A parlar valencià y “a ofrenar noves glòries a Espanya” No contentos con que el Gobierno socialista haya respaldado su costosa e innecesaria iniciativa de reclamar en la UE la oficialidad de las lenguas de España, los socios independentistas de ZP y Maragall han emprendido una furibunda y agresiva campaña contra la inclusión del valenciano junto al catalán, el gallego y el euskera. Se reabre así un debate entre Cataluña y la Comunidad Valenciana que no ha terminado nunca de estar cerrado. No les quieren dar agua pero se quieren apropiar de su lengua.

En el resto de España se cometería un error quitando importancia este asunto como una mera cuestión de nombres. Porque junto a este debate que pretende ser meramente filológico —y en el que, como veremos, también se trampea— van unidas las conocidas pretensiones expansionistas del nacionalismo catalán y su irrenunciable deseo de borrar la autonomía propia de la Comunidad Valenciana en beneficio de ese invento antihistórico y delirante conocido como los “Països catalans o la Catalunya Gran”. La defensa de la lengua y cultura valenciana, aunque no exenta de los rasgos colectivistas de toda reclamación identitaria, es mucho más abierta y tolerante que la catalana. Más que enfrentarse a la española, trata de no quedar supeditada y ninguneada por la catalana.

Carod-Rovira ha asegurado que esto “sólo es una cuestión de nombres” y, displicente, ha calificado de “ridículo científico y académico” distinguir entre el valenciano y el catalán. Aunque no vamos a negar que el pancatalanismo académico —de la mano, por cierto del político— está muy infiltrado incluso en universidades valencianas, que no se arrogue tanta autoridad científica. Ahí están todas las obras medivales en donde se empieza a escribir y a traducir del latín en “llengua valenciana”. Y eso por no hablar de la autoridad científica y académica de autores como Ubieto, Fullana, Cremades, Giner i Ferrer y tantos y tantos otros.

Conviene empezar por recordar que la denominación oficial que, junto al castellano, es oficial en la Comunidad Valenciana es el valenciano. Así lo señala expresamente el Estatuto de Autonomía y, por tanto, así lo reconoce nuestra Constitución. Tal denominación, además, lejos de ser un mero voluntarismo político para la ocasión, refleja, por el contrario, la denominación histórica que —insistimos—siempre tuvo esta lengua, que nació como autóctona, como romance valenciano proveniente del bajo latín. No fue pues, una “importación de la reconquista” sino por el contrario una persistencia idiomática mozárabe. La reconquista -fundamentalmente a cargo de aragoneses- no aportó a los territorios del antiguo Reino de Valencia una lengua desconocida hasta entonces, como pudiera ser el caso de los españoles en América.

Tan original fue, pues, para los valencianos su lengua como pudo ser para los catalanes la suya. Con la diferencia de que el Reino de Valencia fue el primer reino de la península en desarrollar y tener (a partir del siglo XIV), un "Siglo de Oro" literario en su propio idioma Valenciano; una razón más para que los catalanistas traten de apropiarse de su solera reivindicando la unidad de la lengua bajo denominación catalana.

Por mucho que se lo mantengan muchos pseudoespecialistas valencianos, el valenciano no es una variante local del catalán. No vamos a engordar la entidad de las variantes que separan y diferencian a ambas lenguas, ciertamente menudas. Pero si en base a esta indiscutible cercanía, lo que se pretende es uniformizar la lengua, en lugar de erradicar palabras y características propias del valenciano, que las que se supriman sean las catalanas. ¿Unitat de la llengua? Molt be. Que se suprima la solicitud de oficialidad del catalán en la UE en beneficio del valenciano...¿No decía Carod, que “era sólo una cuestión de nombres”? Pues ala. A parlar valencià y “a ofrenar noves glòries a Espanya”

http://www.libertaddigital.com/./opiniones/opi_desa_20518.html
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  #4  
Viejo 18/sep/04, 14:02
elenafrancis
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Predeterminado Pues como esta el Nazi este!!!! :D

juajuajuajuajuajuajuajuajuajuajuajuajua


Ya lo dicen ... la ignorancia es atrevida!!!

Sera cateto el pueblerino nazi!!!

Elena Francis
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  #5  
Viejo 18/sep/04, 17:05
elenafrancis
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Predeterminado Contra la Incultura, Cultura!

LAS HOMILIES D'ORGANYA

Las Homilies fueron descubiertas por el Dr. Joaquim Miret i Sans, historiador y jurista, en setiembre de 1904, mientras rebuscaba en la rectoria d'Organya los pergaminos de la extinguida colegiata de Santa Maria, que fue fundada por los señores de Caboet en el siglo X o a principios del IX. El descubrimiento consistia en un pequeño cuaderno de pergamino de tres hojas dobladas por la mitad, o sea, seis folios de 18x12.5 centimetros, escritos a dos caras, con 23 lineas de escritura en cada cara, señaladas fuertemente con un punzon y con una media de 50 a 55 letras por linea.
Ya mas adelante fueron encontrados otras hojas que complementaban las primeras, de manera que hoy el manuscrito consta de 8 folios escritos por ambas partes, con un total de 16 hojas.
El caracter de la letra es el propio de la epoca de transición al gotico y la calidad del pergamino, bastante grueso y ordinario. Ciertas particularidades del lenguaje hacen pensar a los eruditos que este manuscrito es de la epoca del rey Pere I el Catolico (1196-1213). El texto esta escrito en catalan, no provenzalista, aunque se encuentren algunas palabras poco conocidas en lengua catalana.

SEGÚN LOS EXPERTOS LAS HOMILIAS D'ORGANYA PERTENECEN AL SIGLO XI, Y MAS CONCRETAMENTE DEL 1080 AL 1095.

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¿Que curioso, no? Un texto en catalan casi doscientos años de que Jaime I funde el Reino de Valencia y lo incorpore a la Confederación Catalano-Aragonesa.

Hay que ser burro, y reburro para ir con el valenciano...

Elena Francis
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  #6  
Viejo 22/sep/04, 05:05
l071
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Predeterminado ¡Menuda cultura contradictoria!

Querrás decir reino de Aragón, porque no existe esa “confederación” catalano-aragonesa que tu te inventas. A cominenzos del S.XII existen en el territorio que ahora se conoce como Cataluña, el condado de Barcelona e independientes de él los de Urgel, Rosellón, Pallars Jusá, Pallars Subirá y Ampurias. Toma nota.

En cuanto al escrito de Guillermo Dupuy, remítele a él las incorrecciones si es que las tiene, y sobre todo en lo que dice sobre el “siglo de oro” valenciano, lo cual se corresponde con que en el siglo XV Valencia es la segunda ciudad más populosa de la península, después de Granada.

Es muy oportuna la matización de que en el manuscrito que citas se trata de palabras no provenzales, por cuanto se considera por muchos autores el catalán original como integrado en al lengua de Oc, así como corresponde su inclusión política en la Marca Hispánica.

Parece más política que filológicamente fiable la matización, pero no la discuto porque no contradice la posibilidad de la existencia del romance valenciano por fechas similares, ya que la formación de los romances depende fundamentalmente de la descomposición del latín vulgar a la caída del imperio romano.

Lo que si es cierto es que los que menos fueron son los que más se creen en esta España de hoy en la que conviene recordar, para evitar las actitudes prepotentes de algunos, que mientras que el reino de Asturias dio origen a la Reconquista, Cataluña no pasó de condado, procedente de la Marca Hispánica francesa y que en Valencia reinaba al-Qádir cuando acudió el Cid en su ayuda para frenar al conde de Barcelona, estableciendo un protectorado castellano en dicha ciudad, y que cuando Jaime I toma Valencia, reinaba ya en la ciudad el rey moro Zayyān.

Por lo tanto,...menos lobos, Caperucita...
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  #7  
Viejo 22/sep/04, 06:06
l071
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Predeterminado Cultura histórica, no cultureta

(Cultura histórica, no cultureta de manual, para justificar la cuota)
http://foros.hispavista.com/myspol/1228/

Defensa del valenciano del chulesco nacionalismo catalán ...

Por César Vidal, historiador,

.../..
Quizá porque siempre he tenido claro que Valencia también poseía un hecho diferencial tan acentuado o más que el de otras regiones españolas, pero no por ello se empeñaba en enfrentarse con sus hermanas de las islas o de la Península, determinados episodios me duelen de una manera especial. De entre ellos el que más congoja me causa es el del comportamiento injusto, desconsiderado, chulesco que descarga sobre Valencia y su lengua el nacionalismo catalán.

> En los últimos días, las muestras no han sido, lamentablemente, escasas. Después de la afrenta insolidaria e injustificable de intentar privar a esa tierra, como a la cercana de Murcia, del agua del Ebro, los nacionalistas catalanes han vuelto a la carga arremetiendo contra la existencia del valenciano como lengua diferenciada.

No pasaría nada ciertamente si el valenciano fuera un simple dialecto del catalán.

>>> Sucede simplemente que no es verdad y que además tras esa afirmación no se halla una mera cuestión de discusión científica sino un verdadero programa de absorción de Valencia –el reino de Valenci – en unos inexistentes «Paisos catalans» capitaneados por una Cataluña que nunca fue reino.

>>> De entrada hay que comenzar diciendo que el valenciano nunca fue catalán. Cuando las huestes aragonesas de Jaime el Conquistador recuperaron Valencia de manos de los invasores islámicos –una labor en que les había precedido efímeramente el Cid castellano– encontraron a una población que hablaba en una lengua romance que podían entender sin mucha dificultad, pero que no era, ni mucho menos, el catalán. El «Llibre del Repartiment» –estudiado entre otros por Huici, Cabanes y Ubieto– deja claramente de manifiesto que la lengua valenciana no llegó con las tropas del rey conquistador, primero, porque en su mayoría esas fuerzas procedían de Aragón y no de Cataluña, y, segundo, porque los pocos catalanes que vinieron no se asentaron en las áreas valenciano parlantes.


No resulta extraño que el gallardo monarca hiciera referencia a la «llengua valenciana» de aquellos valencianos y que nunca pretendiera identificarla con el catalán. El valenciano había alcanzado una verdadera edad áurea a finales de la Edad Media precediendo en ese esplendor a las propias ciudades italianas donde resplandecería el Renacimiento.
Por supuesto, tan claro resultaba a la sazón que valenciano y catalán eran distintos que el valenciano de Gandía –de nuevo se me llena de recuerdos gratos el corazón– Joanot Martorell señala en su obra maestra «Tirant lo Blanch» que escribe en «valenciano vulgar» pero no en catalán. Martorell –que causó la admiración del alcalaíno Cervantes hasta el punto de que su novela es uno de los pocos libros que se salvó de ser expurgado de la biblioteca de don Quijote– ha sido objeto de la codicia del nacionalismo catalán desde hace tiempo y por ello no extraña que en alguna edición de su libro publicada en Cataluña se haya suprimido sin el menor reparo su referencia a la lengua valenciana.

>>> Es sólo un botón de muestra del delirio al que se puede llegar empeñados en convertir un reino en sucursal de una Cataluña que nunca alcanzó esa categoría.

>>> Algún día se sabrá el dinero que el nacionalismo catalán ha gastado en intentar subyugar a la lengua valenciana como también lo intenta con la balear o con los dialectos aragoneses de la denominada Franja.

>>> No pasa de ser un intento de sumisión propio del más rancio imperialismo. Precisamente por eso, hoy, cuando el partido socialista –hipotecado por el nacionalismo catalán– ha llegado hasta el punto de negarse a defender la lengua valenciana en el Parlamento autonómico de esta comunidad, tengo la sensación de que, más que nunca, el valenciano debe ser defendido. Debe serlo porque es un patrimonio que enriquece y enorgullece a los españoles, sin excluir a los que como yo no lo tenemos como lengua natal.

> Debe serlo porque es intolerable que precisamente aquellos que se jactan de no ser españoles, que reniegan de nuestro pasado histórico y que no pierden ocasión de atacar a la patria común encima pretendan reducir el legado de una hermosa lengua peninsular a un mísero y menor capítulo de la suya.


César Vidal es historiador
http://www.larazon.es/tribunalibre.htm 19/09/2004
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  #8  
Viejo 23/sep/04, 15:03
elenafrancis
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Mensajes: 2.830
Predeterminado Repito Again: La ignorancia es atrevida!!!

... aunque por desgracia de corto recorrido cuando se enfrenta a hechos.

> l071 ha escrito:
> Querrás decir reino de Aragón, porque no existe esa “confederación” catalano-aragonesa que tu te inventas. A cominenzos del S.XII existen en el territorio que ahora se conoce como Cataluña, el condado de Barcelona e independientes de él los de Urgel, Rosellón, Pallars Jusá, Pallars Subirá y Ampurias. Toma nota.

Toma nota. Historicamente España era una Democracia Organica. Claro ... que en ningún historiador que se precie ira por ahi diciendo eso.
Si no sabes cuales eran las relaciones entre el Condado de Barcelona y el Reino de Aragón y el Reino de Valencia... ¿Que se puede esperar de ti?

Resumiendo que si no sabes que eramos mejor dejalo que no es lo tuyo la historia...

>
> En cuanto al escrito de Guillermo Dupuy, remítele a él las incorrecciones si es que las tiene, y sobre todo en lo que dice sobre el “siglo de oro” valenciano, lo cual se corresponde con que en el siglo XV Valencia es la segunda ciudad más populosa de la península, después de Granada.

¿Y hablaba? Hablaba el mismo idioma que en las Homilias de Organya... Catalan, vamos...

>
> Es muy oportuna la matización de que en el manuscrito que citas se trata de palabras no provenzales, por cuanto se considera por muchos autores el catalán original como integrado en al lengua de Oc, así como corresponde su inclusión política en la Marca Hispánica.
> Parece más política que filológicamente fiable la matización, pero no la discuto porque no contradice la posibilidad de la existencia del romance valenciano por fechas similares, ya que la formación de los romances depende fundamentalmente de la descomposición del latín vulgar a la caída del imperio romano.

Es que filologicamente el catalan y el valenciano son lo mismo (cosa de filologos), la única diferenciación es politica... politica pepera.

>
> Lo que si es cierto es que los que menos fueron son los que más se creen en esta España de hoy en la que conviene recordar, para evitar las actitudes prepotentes de algunos, que mientras que el reino de Asturias dio origen a la Reconquista, Cataluña no pasó de condado, procedente de la Marca Hispánica francesa y que en Valencia reinaba al-Qádir cuando acudió el Cid en su ayuda para frenar al conde de Barcelona, estableciendo un protectorado castellano en dicha ciudad, y que cuando Jaime I toma Valencia, reinaba ya en la ciudad el rey moro Zayyān.

Que ya hablaba valenciano, naturalmente. Por eso se hacian acompañar de traductores cuando hablaban con catalanes ... luego, por algún extraño milagro pentecostesico nos dimos cuenta que no nos hacian falta...

>
> Por lo tanto,...menos lobos, Caperucita...
>

Lo que hay que ser es o menos inculto o menos malvado.

Elena Francis
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  #9  
Viejo 25/sep/04, 11:11
k_b
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Mensajes: 269
Predeterminado Y mata más que el hambre (s/t)

> elenafrancis ha escrito:
> ... aunque por desgracia de corto recorrido cuando se enfrenta a hechos.
>
>> l071 ha escrito:
>> Querrás decir reino de Aragón, porque no existe esa “confederación” catalano-aragonesa que tu te inventas. A cominenzos del S.XII existen en el territorio que ahora se conoce como Cataluña, el condado de Barcelona e independientes de él los de Urgel, Rosellón, Pallars Jusá, Pallars Subirá y Ampurias. Toma nota.
>
> Toma nota. Historicamente España era una Democracia Organica. Claro ... que en ningún historiador que se precie ira por ahi diciendo eso.
> Si no sabes cuales eran las relaciones entre el Condado de Barcelona y el Reino de Aragón y el Reino de Valencia... ¿Que se puede esperar de ti?
>
> Resumiendo que si no sabes que eramos mejor dejalo que no es lo tuyo la historia...
>
>>
>> En cuanto al escrito de Guillermo Dupuy, remítele a él las incorrecciones si es que las tiene, y sobre todo en lo que dice sobre el “siglo de oro” valenciano, lo cual se corresponde con que en el siglo XV Valencia es la segunda ciudad más populosa de la península, después de Granada.
>
> ¿Y hablaba? Hablaba el mismo idioma que en las Homilias de Organya... Catalan, vamos...
>
>>
>> Es muy oportuna la matización de que en el manuscrito que citas se trata de palabras no provenzales, por cuanto se considera por muchos autores el catalán original como integrado en al lengua de Oc, así como corresponde su inclusión política en la Marca Hispánica.
>> Parece más política que filológicamente fiable la matización, pero no la discuto porque no contradice la posibilidad de la existencia del romance valenciano por fechas similares, ya que la formación de los romances depende fundamentalmente de la descomposición del latín vulgar a la caída del imperio romano.
>
> Es que filologicamente el catalan y el valenciano son lo mismo (cosa de filologos), la única diferenciación es politica... politica pepera.
>
>>
>> Lo que si es cierto es que los que menos fueron son los que más se creen en esta España de hoy en la que conviene recordar, para evitar las actitudes prepotentes de algunos, que mientras que el reino de Asturias dio origen a la Reconquista, Cataluña no pasó de condado, procedente de la Marca Hispánica francesa y que en Valencia reinaba al-Qádir cuando acudió el Cid en su ayuda para frenar al conde de Barcelona, estableciendo un protectorado castellano en dicha ciudad, y que cuando Jaime I toma Valencia, reinaba ya en la ciudad el rey moro Zayyān.
>
> Que ya hablaba valenciano, naturalmente. Por eso se hacian acompañar de traductores cuando hablaban con catalanes ... luego, por algún extraño milagro pentecostesico nos dimos cuenta que no nos hacian falta...
>
>>
>> Por lo tanto,...menos lobos, Caperucita...
>>
>
> Lo que hay que ser es o menos inculto o menos malvado.
>
> Elena Francis
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  #10  
Viejo 1/oct/04, 15:03
opinomusho
Novato
 
Fecha de ingreso: 19/sep/05
Mensajes: 8
Predeterminado Re: El valenciano más antiguo que el catalán

Hay que reconocer que el catalán y el valenciano son muy parecidos, pues en general, un catalán se entiende perfectamente con un valenciano, pero esas actitudes imperialistas de los paisos catalans que quieren hacer un pais con capital en Barcelona me parece hacer fascismo con el lenguaje. Es como si ahora España hablara de los paisos espanyols queriendo abarcar todos los paises de América que hablan español.
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