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sentimentalismo Pla
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  #1  
Viejo 15/oct/04, 17:05
chanchidrian
Novato
 
Fecha de ingreso: 19/sep/05
Mensajes: 1.121
Predeterminado sentimentalismo Pla

Josep Pla: "El sentimentalisme del país és inseparable de les formes més baixes de la cursileria catalana



(publicado en un foro)

Repasando los libros que con el paso del tiempo uno acumula en su casa, encontré uno de ésos de la infancia, editado en 1967, que ya casi ni recordaba, y que, como casi todo lo de entonces, todavía conserva un tufillo a los años del nacional-catolicismo. Editado por Bruguera, está dedicado a San Francisco de Javier, lo firma una tal Anne Saint Varent y, tal y como reza en los antecedentes, cuenta «con licencia eclesiástica».

En un momento de manipulación exagerada y hasta grotesca de nuestro pasado histórico, uno esperaba encontrar el manual clásico de aquella época, pero, para mi sorpresa, alguien le debió dar un pase torero a la censura. Vean el porqué.

Comienza el relato en el año 1515 con una conversación entre Francisco de Jaso y un sirviente llamado Pablo:

«*Mi pequeño FranciscoŠ ¡Qué enorme desgracia ha caído sobre esta
casa! ¡Cómo podíamos suponer semejante desastre!

Las lágrimas del viejecito se mezclaron con las del niño, que preguntaba con voz quebrada,

*¿De qué ha muerto mi padre, Pablo?
* Ha muerto de pena, de tristeza. No ha podido soportar la derrota que sufriera nuestra causa.

*¿Es muy grave lo que ha ocurrido, nos harán mucho daño los de Castilla?

*Ignoro cómo se comportarán con nosotros, mas mala cosa es siempre perder la independencia».

Después, este niño de nueve años escuchaba una conversación entre sus dos hermanos mayores y varios compañeros más:

«*¡Hemos de aprovechar la menor ocasión para recabar la independencia de nuestro territorio!

*Pero el levantamiento ha de estar muy bien organizado. No podemos exponernos a que vuelva a suceder lo que ha ocurrido ahora».
En el siguiente capítulo, la autora nos explica, para mejor comprensión, el contexto de la época diciendo: «El rey Fernando el Católico decidió conseguir la unidad peninsular. Pero los navarros no deseaban perder su reino. En vista de que no podía contar con su colaboración ni obtener de buen grado que sus tropas cruzaran por su territorio, Fernando decidió hacerles también la guerra para obtenerlo a toda costa». Luego prosigue el relato: «De nuevo el burbujear inquietante de la contienda volvía a agitar los corazones navarros, y en el castillo de Javier, Miguel y Juan, sus hermanos mayores, hablaban con exaltación de los proyectos que se preparaban para ser llevados a la práctica. Había muerto el rey Fernando y los descontentos habitantes de aquella tierra consideraron llegado el momento de fra- guar un levantamiento, con el fin de reconquistar su independencia. De nuevo lágrimas angustiadas corrieron por las mejillas de doña María de Azpilcueta, ya que sus dos hijos mayores, demasiado jóvenes todavía para tales lances, pretendían tomar parte en la revuelta.

*¡Nuestro suelo necesita brazos que lo defiendan, madre! ¡No hemos de reparar en la edad, cuando se trata de lograr algo tan sagrado como es nuestra independencia».

Y, más adelante, nos cuenta: «Corría 1520. De nuevo los navarros, firmes y voluntariosos de carácter, no sintiéndose aún vencidos, a pesar de los contratiempos sufridos, vieron una ocasión propicia para obtener la libertad que tanto deseaban». Se refiere aquí a la guerra contra los Comuneros en Castilla y al esfuerzo militar que eso supuso para Carlos V. También relata cómo fue herido Ignacio de Loyola en el asalto del ejército navarro a la plaza de Iruñea, entonces en manos de los españoles. Ya advierte que luego se convertiría en padre espiritual de Francisco de Jaso y relata la primera noticia del
encuentro entre ambos en París, pero antes quedaban las últimas batallas de aquella época. Dos largos y duros años dice que estuvieron luchando los navarros en Hondarribia en 1521 hasta verse obligados a negociar:

«*¿Juráis absoluta fidelidad a Carlos V, nuestro soberano, y prometéis no rebelaros nuevamente contra su Gobierno?

*Juro *fueron repitiendo uno tras otro. Ignoramos si la conformidad que encierra tal palabra llegaba hasta el fondo de los corazones de todos. Quien había luchado tanto tiempo por una causa, no puede adaptarse en un momento a aquello que es contrario al motivo de la
lucha. Seguramente en el interior de muchos vibraban aún la rebeldía y el deseo de ser libres como siempre. Pero en aquellos momentos no debió de quedarles más alternativa que el asentimiento incondicional».

Ya en la universidad de París, algún año más tarde, un compañero de habitación le comunica a Francisco de Jaso la llegada de uno nuevo, de apellido Loyola, y nos cuenta su reacción cuando su compañero suizo le pregunta por él:

«*¿Le conoces?

*Si es el que supongo, demasiado. Es de Vizcaya. Fue capitán de las huestes de Castilla y luchó contra mis hermanos en el año veintiuno. Es muy poco halagüeño tal recuerdo.

*No lucharía precisamente contra tus hermanos. Debían de estar simplemente en bandos distin- tos. Un soldado tiene que obedecer ó rdenes».

Y Francisco responde:

«*¡Los nuestros defendían la independencia de Navarra!

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  #2  
Viejo 16/oct/04, 01:01
l071
Usuario muy activo
 
Fecha de ingreso: 19/sep/05
Mensajes: 1.105
Predeterminado Lo que realmente pasaba


No es muy conocido el hecho histórico de que hasta la llegada de la revolución industrial y hasta que se fue industrializando paulatinamente la agricultura con la introducción de maquinaria diversa -es decir en toda la historia de la humanidad desde el descubrimiento de la agricultura hace ocho mil años hasta finales del el siglo XVIII -el sistema de producción de alimentos (agricultura y ganadería) tuvo un límite de productividad del 10 %.

Esto significa que el siglo XVI, en la época de san Francisco Javier, tenían que trabajar 90 personas para alimentar a 100. Por lo tanto una civilización con ese límite de productividad solo podía dedicar a otras labores que no fueran agrícolas al 10% de su población.

Si clasificamos a groso modo ese 10% de personas, podríamos llegar a las siguientes conclusiones que explican muchas cosas de aquel entonces: 5% oficios gremiales productivos diversos (herreros, construcción, cuero, zapatería, producción de armamento, calderería, carpintería, imprenta, joyería, etc.); Servicios de defensa: 3% (soldados y cuadros), Servicios terciarios diversos 1% (comercio, enseñanza, hostelería, abogacía y registros, eclesiásticos, artes plásticas, medicina, farmacia, canto y música instrumental, etc.). 1% Políticos (dirigentes y cuadros de la administración pública).

De este 1% de personas liberadas asignadas al grupo de dirigentes políticos hay que suponer que la mitad eran mujeres, las cuales en su mayoría no ejercían como titulares de cargos públicos sino como esposas de los varones que ocupaban dichos cargos.

Estamos entonces ante el hecho histórico de que las funciones políticas de la sociedad, debido a la baja productividad del sistema, eran asumidas por un 0,5% de la población. Ese 0,5 (o 1%, si se quiere) si que tenía conciencia de la dependencia o independencia del territorio que defendían y al que servían como propio.

Sin embargo el 90% agricultor y en menor medida el otro 5% artesanal de lo que estaban preocupados era de sobrevivir y de que los gestores del sistema no les impusieran cargas excesivas. Les daba igual que el 0,5% dirigente se llamara Javier o Pedro o Chindasvinto, siempre que lo hicieran bien, la protección fuera buena y no les causaran muchas molestias, ni les obligaran a cambios violentos de costumbres y tradiciones, pidieran excesivos impuestos o fueran tiránicos en sus comportamientos personales e injustos.

Cuando se removía al 0,5% gobernante mediante una confrontación bélica, el que ganaba le perdonaba la vida al vencido a cambio de que éste acatara su autoridad y no se rebelara contra él, para lo que le exigía juramento de fidelidad, cuyo quebrantamiento estaba penado con la muerte.

Por este sencillo procedimiento se sucedían a lo largo de la historia los cambios de gobierno sin excesivo trauma para la gran masa de la población trabajadora, lo cual era por una parte una debilidad de dicho sistema productivo basado en la agricultura manual no industrializada, y por otro lado una ventaja que reducía la pérdida de vidas humanas.

Por eso no se entiende, aunque se hable de ello, lo que realmente sucedía en la época de san Francisco Javier, porque hoy en día el 100% de la población está encuadrado en las listas de votantes y de la defensa nacional, además de haber pasado un buen número de años en el sistema de escolarización obligatoria, con lo cual todos decidimos y tenemos criterios en política mientras que entonces solo eran menos del 1%. La diferencia es abismal.

Saludos cordiales.
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  #3  
Viejo 19/oct/04, 21:09
chanchidrian
Novato
 
Fecha de ingreso: 19/sep/05
Mensajes: 1.121
Predeterminado agricultores navarros

Eso es lo que ha pasado siempre en Navarra y en el resto de España; es tonto pensar si los navarros gritaban ¡viva navarra en pleno siglo XVI o XVII.

Sólo la acumulación del grano es lo único que ha preocupado a los navarros como agricultores hasta hace pocos años. La política o politiquerias vienen en cuanto leemos a Lenin antes que a Marx o a Engels; o como denuncia Juaristi en Sacra Némesis, que es pasar de una subordinación integra a los curas de parroquia en los pueblos sin leer antes a kepler, Descartes, Montesquieu... y pretender leer a Mao directamente.

Otro detalle interesante es de cómo las Ordenes Religiosas se laban la cara renunciando del nacionalcatolicismo de hace sesenta años, a ser democratacristianos o socialcristianos a secas; te lo digo pues por que en documentación interna de cierta orden que sé, leo que tal Orden Religiosa no apoyó el nacionalcatolicismo de Crieck y sí que se influyó por Maritain, Mounier y Marcel ¿a quién tratan de engañar?

Si no fuera por el Concilio de Vaticano II los curas de ETA no nos educarían ni en la Biblia; ni tampoco en Voltaire.

El Domingo me encontré a un amigo y me dijo que no; que esos autores se leían el los sesenta y en circulos muy restringidos.
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