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Las nuevas extremas derechas en Europa no son necesariamente antisemitas ni partidarias de sistemas totalitarios como venía sucediendo hasta hace unas pocas décadas. Son pronorteamericanas, chovinistas y xenófobas, pero especialmente arabófobas, islamófobas y sudamericanófobas. Liquidado el comunismo, centran su discurso de confrontación en un antiprogresismo visceral, de sarcasmo y diatriba virulenta, de descalificación sin debate de ideas respecto a todo lo que tenga que ver con la tradición de izquierdas. Desilusionados inmigrantes aquellos que esperaban encontrar la misma reciprocidad que brindaron sus países a los "disparados" europeos que huyeron de la propia ignominia que habían creado.
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> ojoatento ha escrito:
> Las nuevas extremas derechas en Europa no son necesariamente antisemitas ni partidarias de sistemas totalitarios como venía sucediendo hasta hace unas pocas décadas. Son pronorteamericanas, chovinistas y xenófobas, pero especialmente arabófobas, islamófobas y sudamericanófobas. Liquidado el comunismo, centran su discurso de confrontación en un antiprogresismo visceral, de sarcasmo y diatriba virulenta, de descalificación sin debate de ideas respecto a todo lo que tenga que ver con la tradición de izquierdas. Desilusionados inmigrantes aquellos que esperaban encontrar la misma reciprocidad que brindaron sus países a los "disparados" europeos que huyeron de la propia ignominia que habían creado. La aprobación por parte del gobierno (con la colaboración inestimable de CiU y CC) de la nueva Ley de Extranjería ha sido precedida por una intensa campaña para justificar el recorte de las libertades y derechos de los inmigrantes. Mientras la hipocresía humanista de los medios de comunicación habla de los pobres inmigrantes que, desesperados, llegan a las costas españolas, se les niegan los derechos más elementales, se los convierte en carne de cañón para los empresarios, y se prepara la expulsión de varias decenas de miles, como advertencia para los demás. Tú lo afirmas y es así, pobres inmigrantes, el Capital necesita esclavos. El capitalismo senil necesita, para aumentar sus beneficios, recuperar los viejos modelos de producción ya superados por la historia, como el esclavista, esto es, mano de obra barata y sin derechos, para poder sobreexplotarla a conveniencia. Ese es el leit motiv de la nueva Ley de Extranjería. La democrática Europa del Capital no es partidaria de la expulsión de los inmigrantes, sino de su racionalización: "Los inmigrantes pueden suponer una aportación positiva a ese mercado laboral, al crecimiento económico y al mantenimiento de los sistemas de protección social" (Comisión Europea sobre la inmigración. 23/11). El no menos democrático gobierno del PP dijo la suya: "No sabemos cuantos inmigrantes necesitaremos en los próximos años. Deberemos contar con nuestro mercado laboral" (22/12). Lo que el capitalismo europeo necesita es una inmigración selectiva y adecuada a sus necesidades. Los datos estadísticos sobre los cambios demográficos lo dejan claro: hace falta mano de obra barata que se pueda sobreexplotar. Hasta ahora los esclavos estaban en países subdesarrollados. Ahora los necesitarán en casa. El gobierno del PP ha amenazado con expulsar a 28.000 inmigrantes que han visto rechazada su demanda de regularización. Los amenazados pueden ser bastantes más si no se resuelven favorablemente los expedientes de los más de 60.000 inmigrantes que no han podido demostrar su permanencia en el país desde antes del 1 de junio de 1999. Sin embargo el objetivo principal del gobierno no es expulsarlos. Pío Cabanillas lo dejó claro: "No se va a organizar ninguna cacería" (EP 23/12). Por supuesto, lo que se pretende es convertirlos en un ejército de esclavos clandestinos y sin derechos, que acepten dócilmente la sobreexplotación, bajo la espada de Damocles que supone la amenaza de expulsión, si se atreven a enfrentarse a los empresarios que los contraten. No lo decimos nosotros. Lo dice el Manifiesto de la Plataforma por la Convivencia, al que se ha adherido el exministro de Trabajo y Seguridad Social, el militante popular Manuel Pimentel: "(La nueva Ley) potencia la explotación laboral al limitar la capacidad de denuncia de los trabajadores y trabajadoras extranjeros, recayendo sobre ellos la expulsión por trabajar sin el correspondiente permiso" (EP 22/11) Recientemente un informe periodístico ponía al descubierto el drama de los trabajadores inmigrantes que no consiguen legalizar su situación. En la recogida de la naranja, en Valencia, son contratados cientos de trabajadores indocumentados. Trabajadores que son explotados por los empresarios y por sus cómplices, las mafias que los controlan. Cobran cinco veces menos de lo que les correspondería, unas 10.000 ptas. semanales, y en su jornada de Sol a Sol, sólo se les permite una comida (EP 20/12). Según fuentes policiales y sindicales, el funcionamiento de las mafias se ampara en la supuesta ceguera de los empresarios del sector. Sin embargo, ?Se ha detenido a algún empresario? No. Sólo se persigue y se atemoriza a los trabajadores indocumentados, para que acepten sin rechistar las condiciones de semiesclavitud que se les impone. El Capital manda. El Estado de Derecho obedece. El Colegio de Abogados de Barcelona ha denunciado el trato vejatorio que sufren los inmigrantes que pretenden regularizar su situación, por parte de la policía y los funcionarios. La respuesta de la Delegación del Gobierno es toda una oda al cinismo: "No ha habido denuncias por parte de las supuestas víctimas" (EP 10/11). Las humillaciones no son actos espontáneos de algunos agentes de policía. Es una advertencia a los inmigrantes de lo que pueden esperar si pretenden escapar a ser trabajadores de segunda. La nueva ley no evitará que los trabajadores inmigrantes sigan llegando, sólo hará sus condiciones de vida más penosas, obligándoles a la clandestinidad, que facilitará su explotación laboral, empujará a no pocos a la delincuencia y hará prácticamente imposible que alcancen la categoría de trabajadores legales. En una de las patrias de los derechos humanos, cientos de miles de trabajadores no tendrán derecho a reunirse, organizarse, expresarse, o defenderse. Si insisten, podrán ser expulsados en el plazo de 48 horas. La postura del gobierno del PP, expresada por el Delegado para la Extranjería e Inmigración, el demócrata Enrique Fernández Miranda, es un verdadero himno a la canallada: "Nadie puede votar en España si no está censado; del mismo modo, nadie podrá ejercer el derecho de reunión si carece de permiso de residencia en España" (28/11). Pocos días después, el mismo demócrata advirtió a los sindicatos que la nueva ley prohibe afiliarse a los trabajadores irregulares (16/12). La senadora popular Rosa Vindel lo dejó todavía más claro: "Los derechos positivos de libertad no pueden ejercerse por quienes voluntariamente se colocan al margen de la legalidad" (15/12). Es decir, los derechos de los trabajadores no pueden ejercerse al margen de la legalidad (ahora los inmigrantes indocumentados, ?y mañana?...). ?Son los trabajadores inmigrantes los que se "colocan voluntariamente al margen de la legalidad"?, o es la legalidad capitalista la que los margina y los empuja a la clandestinidad. Este es el mensaje que debemos aprender: como se "colocan voluntariamente al margen de la legalidad", no son trabajadores que luchan por su supervivencia, son desalmados delincuentes que deben ser perseguidos, reprimidos y expulsados sin contemplaciones. La comedia se convierte en un esperpento insufrible que provoca nauseas. Sólo les falta gritar !Viva los derechos humanos!, !Viva la Constitución! Hay que combatir la nueva ley de extranjería. Rechazarla con todo ímpetu. Sí, pobres inmigrantes, qué destino.!!! |