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Como es bien sabido, en el año 1972 el Club de Roma dio a conocer su célebre informe sobre "los límites del crecimiento", en el que auguraba que si se mantenían las tendencias del consumo, antes del año 2100 el mundo colapsaría por haberse agotado los recursos renovables. Fuera o no exagerado el informe, lo cierto es que dio la voz de alarma sobre el hecho innegable de que es preciso poner límites al consumo, si no queremos secar las fuentes naturales. Fueron así naciendo las nociones de "desarrollo sostenible" o "desarrollo sin crecimiento", frente a la de un progreso entendido como maximización del bienestar en una determinada franja de la tierra, que amenaza con esquilmar sus recursos. Como señala el informe del Fondo Mundial de la Naturaleza, el nivel de consumo de los países ricos es insostenible en el futuro más inmediato, pero además tampoco es generalizable en este momento: si el mundo en su conjunto consumiera como lo hace el 20 (veinte) por ciento de la población más favorecida, necesitaríamos tres planetas Tierra para dar abasto. SALUTE.
La discusión sobre si el nivel de consumo no es sostenible porque se agotan los recursos renovables o por culpa de las emisiones de desechos (productos químicos, pesticidas, basura) es sin duda importante, pero lo indiscutible es que agotamiento y emisiones son el efecto de un consumo incontrolado. Los datos son escalofriantes. Desde 1956 el consumo se ha multiplicado por seis, en los últimos cincuenta años el consumo de combustibles fósiles se ha multiplicado por cinco, las capturas marinas se han cuadruplicado, el consumo de madera y agua dulce se ha duplicado, mientras que las emisiones de desechos se han triplicado en os países industrializados. Ante estos datos buena parte de los expertos, movimientos sociales, partidos y responsables de instituciones internacionales y locales pronuncian el "basta ya". El deterioro actual del medio ambiente es innegable y las generaciones futuras encontrarán un planeta exhausto, contaminado, en condiciones muy inferiores a aquellas en que lo hemos recibido nosotros. ¿Pero qué pasa? La conciencia social, por desgracia, queda a menudo reducida al discurso de lo políticamente correcto. Cualquier líder, cualquier persona avisada del Primer Mundo sabe que en un discurso público debe proclamar la necesidad de respetar el medio ambiente y la necesidad de introducir normativas y sanciones para los transgresores, incluso entre los derechos de los consumidores figura el de respeto al medio ambiente. Sin embargo, tanto líderes como personas avisadas del Primer Mundo saben que los ciudadanos seguirán comprando coches, uno por cada miembro de la familia, que los ayuntamientos talarán pinos en cualquier zona apropiada para construir una urbanización, con el total acuerdo de los vecinos, porque eso significa trabajo, mayores ventas en los comercios, revalorización de los terrenos, que nadie osará poner en cuestión la extensión de la ciudad a costa de la huerta y que es imparable la clonación de la clase media del célebre "sueño americano" (coches, radios, televisores, baños, frigoríficos, ordenadores, y más y más). El mundo se divide entre los que ya han alcanzado ese nivel y los que están deseando alcanzarlo, y ningún líder, por mucho que domine el lenguaje de lo políticamente correcto en lo ecológico, se permitirá el lujo de desmovilizar tal clonación. Y que el tercer mundo siga como está. Según los informes del PNUD (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo), el coste de escolarización primaria del 25 por ciento de niños que carece de ella sería de seis mil millones de dólares anuales, mientras que el gasto actual en cosméticos en EEUU es de ocho mil millones. El coste para proporcionar salud básica y nutrición a todos los habitantes del mundo que no pueden acceder a ellas en la actualidad es de trece mil millones de dólares anuales, mientras que el gasto anual en comida para animales domésticos en EEUU es de diecisiete mil millones de dólares. Ante datos como éstos ¿no es evidente que la razón moral ilustrada fracasó, en la medida en que los seres humanos no son tratados con la dignidad que se les reconoce verbalmente? ¿no es evidente que el ser humano no está en el centro de las preocupaciones, que es lo que pretende el antropocentrismo, sino una minoría de los seres humanos? No es el antropocentrismo moral la causa de los problemas de la naturaleza, sino el "oligarquismo", el poner la capacidad técnica al servicio del bienestar de unos pocos, Pero el oligarquismo no se supera transitando al biocentrismo, de forma que la preocupación la constituyan los mismos seres humanos que se han venido beneficiando hasta ahora (los "mismos pocos"), y además los animales y las plantas. ¿Dónde queda la preocupación por esa mayoría de seres humanos a la que nunca le llega la hora, ni con el fracaso del paradigma antropocéntrico ni con la proclamación del biocéntrico? Aquel a quien no se le agrieta el corazón conociendo la radical desigualdad que existe entre los seres humanos, teniendo noticia en palabras e imágenes de la extrema vulnerabilidad de otros hombres y mujeres, menos se preocupará de la vulnerabilidad de la Tierra ni de las generaciones futuras. ¿Cómo se preocupará por la vulnerabilidad de la Tierra, a la que no ve, el que no se preocupa por las personas, a las que sí ve?. O para mejor decirlo: ¿Cómo puede amar a la tierra, a la que no ve, el que no ama a las personas, a las que sí ve? |