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"No todos los bucaneros eran crueles, ni siquiera violentos. Algunos tenían una extraña vena piadosa. Por ejemplo, el capitán Watling se preocupaba mucho de que toda la tripulación asistiera, de pie y descubierta, al servicio religioso del domingo. Una vez Daniel disparó a un marinero por una irreverencia. Estos marineros rezaban en voz alta antes de la batalla y, si salían victoriosos la mitad de ellos corría a una catedral capturada para entonar un Te Deum, mientras la otra mitad se entregaba al saqueo.
Los capitanes de barco mantenían la más estricta disciplina entre sus hombres, castigando con celeridad la insubordinación o cualquier otra mala acción que pudiera obstaculizar la victoria. No había entonces en el mar revueltas como las que tolerarían después Kidd, Barba Negra y Lafitte. Pero en la historia de la Hermandad descollaba sobre todo un hombre. Hubo un holandés llamado Edward Mansveldt, famoso por su bravura y por su pericia militar; había tomado Granada y San Agustín en Florida, y la isla de Santa Catalina. Habías recorrido con una gran flota las costas de Darien y Castilla del Oro, tomando todo aquello en que podía poner las manos. Pero tenía un sueño. Quería formar una nación fuerte y estable con una chusma de zarrapastrosos; una nación fuerte y agresiva en América. Y fue cuaajndo su sueño a medida que se le unían más bucaneros. Consultó a los gobiernos de Francia e Inglaterra, que se sorprendieron y le prohibieron considerar semejante idea.¿Una raza de piratas que no estaría sujeta a las horcas de las coronas? Se dedicarían a saquear el mundo entero". -------------------------------------------------- |