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Estimado Pablo de L.: En primer lugar, antes de matizar mi opinión con respecto a este tema en concreto que expones, te aclaro que no pretendía utilizar un tono displicente contigo, si por ello entiendes una actitud de enfado y desgana (el significado de la palabra displicente es muy variado), sino que eran ciertas afirmaciones del mensaje de prensa que insertabas las que me alarmaron un poco por su tono excesivamente generalizador y rotundo. Disculpa si en algo te ofendí. Sería excesivamente largo, creo yo, comenzar una exposición de los acontecimientos históricos y transformación de la mentalidad del hombre del Renacimiento: auge del Humanismo y el protestantismo junto con otras doctrinas evangélicas durante el Renacimiento, desprestigio del Papado, guerras frecuentes, surgimiento de los Estados modernos, etc. Sobre ello hay mucha bibliografía (y casi toda ella bastante tendenciosa, por cierto), de la que ya tendrás mas o menos noticia. A juzgar por tus mensajes anteriores, creo que tendrás un conocimiento más o menos exacto de los acontecimientos que sacudieron aquellos siglos convulsos, y además en tus mensajes sobre la Tradición tengo que decirte que encontré muchos puntos (sobre el Humanismo y su carácter antitrascendente, etc.) con los que estoy plenamente de acuerdo, pero no obstante, ello contrasta con tu sencilla afirmación de que la Iglesia es responsable indirectamente de la degradación del mundo moderno, y cito tu texto, "...en cuanto que ella es responsable del rebaño, es también responsable de la ovejas que se le pierden o que vuelven transformadas en lobos. Recuerda la frase evangélica que dice más o menos (Cito de memoria), "cuando el pastor es herido se dispersan las ovejas" (Mt, 26,22). La responsabilidad última es siempre del jefe". Visto desde ese ángulo, evidentemente es así, pero me parece que si hay alguna responsabilidad por parte de la Iglesia, es bastante remota, y por el mismo argumento, podríamos decir que la culpa de la degradación del mundo moderno es de Dios por haber creado el mundo, ¿no? Y así no se llega a ninguna parte. Es una actitud pesimista con respecto a la Iglesia. Mira, voy a ser franco contigo. Observa que en la frase evangélica que insertas como ejemplo, se dice que "el pastor es herido". ¿Hay alguna responsabilidad por parte del pastor si le atacan? Lo único que puede hacer es defenderse y defender a su rebaño. El agresor es otro, no el pastor. Entiendo tu postura de que la Iglesia es responsable de su rebaño, pero empleas el término responsabilidad en dos sentidos simultáneos que no pueden serlo. La Iglesia es responsable del cuerpo al que gobierna, como toda institución humana, y en este sentido, no se le puede achacar responsabilidad por los errores de sus miembros. De igual forma, el Gobierno español sería el responsable del terrorismo de E.T.A, ¿no?, y me parece que, aunque haya abertzales que lo crean a pie juntillas, está bastante claro. ¿Tú crees que el Gobierno español es responsable del terrorismo de E.T.A.? Y luego transpones otro sentido en el que me parece que lo que quieres decir es que a la Iglesia ha sido conferida la responsabilidad del apacentamiento de la Cristiandad por una Autoridad Trascendente, Divina, y en ello introduces un concepto de la responsabilidad propio del Cristianismo, en un sentido absoluto, es decir, Dios es autor de todo lo creado, por tanto si hay un principio de mal en el mundo, es responsabilidad de Dios. Esta afirmación, en principio, tiene la virtud de reconocer a Dios como origen de todo lo Creado y a la Iglesia como fuente del bien, pero reconocerás en ella fácilmente el error maniqueo, que luego rebrotó en los siglos XII y XIII con otras herejías que conoces bien. A esta infinita paternidad de Dios, por llamarlo de alguna forma, que tú reconoces como absoluto señorío de todo lo creado al que nada puede escapar, atribuyo el que pongas como ejemplo de tu opinión una frase que muestra precisamente lo contrario de lo que quieres decir. Efectivamente, la Iglesia HA RECIBIDO una responsabilidad de Dios para con su rebaño. Es decir, esa infinita paternidad de Dios está en la Iglesia, pero me parece que está muy claro que existe la posibilidad por parte del hombre de no reconocer esa paternidad, es el eterno problema, un gran misterio amigo Pablo de L., la libertad humana. Yo pienso que está bastante claro, y creo que sobraba esta masturbación mental, no creo que te haya aclarado nada, pero si así ha sido, pues mejor que mejor. Cambiando de tema, me llama la atención tu apunte sobre la naturaleza del poder y la afirmación de que la política española de los últimos años no anda muy lejos de una mala utilización del poder por incapacidad de los gobernantes. No sé bien a qué te refieres. A los innumerables casos de corrupción? ¿O haces remontar esta mala utilización del poder a años anteriores? Pero tienes más razón de la que creo que piensas cuando afirmas que, por el difícil cometido de gobernar desde el poder, todo poder legítimo ha de descender de Dios. Por cierto, no es por nada, a mí me resultan muy interesantes tus mensajes, pero estamos en el Foro de los Nacionalismos, no sé lo que les parecerán a los demás estos intercambios. Aprovecho la ocasión para insertar unas líneas acerca del tema que introduces: simbolismo de la tiara. Bien, en cuanto a sus orígenes, como sabrás, el Pontificado era el cargo que detentaban los Sumos Sacerdotes en Roma, para el que eran elegidos anualmente. Pero la tiara no guarda ninguna relación con el desempeño de esta función, sino que se pone más bien en relación con la famosa "Donación de Constantino". La tiara en sí es una corona, simplemente, con piedras preciosas , una cruz en lo alto y tres diademas reales. A causa de estas tres diademas también recibía ( y recibe) el nombre de Trirregnum. La tiara no se emplea en ceremonias litúrgicas, solamente en procesiones, actos solemenes (declaraciones dogmáticas, bendiciones, ocasiones especiales) y quiere significar el carácter sagrado de la persona que la detenta (no de la función, pues no es empleada en actos litúrgicos). Al parecer, la tiara aparece por primera vez en la "Vida de Constantino" del Liber Pontificalis (708-715), donde es llamada "Camelaucum", y se remite a la famosa "Donación de Constantino". Por ello se apunta a que el origen de la tiara debía estar en los distintivos de los dignatarios de la Corte bizantina, y se adoptó como signo de distinción. Entre las atribuciones concedidas al Pontífice en este documento figura un ornamento blanco para la cabeza denominado Phrygium. Hasta llegar a su definitiva forma, la tiara pasó por tres etapas: primero fue un simple casco blanco, sin ninguna diadema real, con un recorte en su parte baja, pues en la Donación de Constantino no se describe. Otra obra del siglo IX, el "Ordo de Mabillon", denomina a la corona papal "Regnum", y esto ya es significativo, pero no describe ningún adorno real. Hasta el siglo XII la tiara fue representada raramente en arte, sólo en las monedas de Sergio III (904-911) y Benedicto VII (974-983, pero aquí todavía es imposible saber si el adorno representado en la parte inferior del casco es una diadema real o un simple recorte en el casco. Se cree que la diadema real fue incorporada a la tiara cuando la Mitra y la Tiara comenzaron a aparecer con claridad separadas. La primera vez que aparece el término 'tiara' es en el Liber Pontificalis en la vida de Pascual III (1099-1118) A partir de Bonifacio VIII (1294-1303) hay un buen número de representaciones de la tiara, y se sabe que evolucionó bastante a partir de este momento. La diadema real seguía siendo un simple anillo, pero ya con algún adorno, y llegó a adoptar la forma de una corona recortada de tipo antiguo, algo así como las bellas coronas que adornan a las novias en las bodas (que actualmente se siguen llamando tiaras) Las dos orejeras (caudae) en la parte posterior aparecen por primera vez en este siglo, pero es de suponer que ya existieran anteriormente, y probablemente son una reminiscencia del antiguo casco, que, en principio, eran negras. Existe un inventario de tesoros papal de 1295 que revela que la tiara aún tenía un solo anillo real. Fue durante el pontificado de Bonifacio VIII cuando se le añadió un segundo anillo real, probablemente con motivo de la querella de las Investiduras, para representar más claramente el dominio papal sobre las dos jurisdicciones, la terrenal y la espiritual. Esto se sabe porque existen dos estatuas de Bonifacio VIII en la cripta de San Pedro y una tercera en la Iglesia Laterana. En 1315 un segundo inventario del tesoro revela que ya había sido añadida una tercera corona real. La estatua de Clemente V, en Uzeste, en la Gironda, al parecer, fue destrozada por los calvinistas para que no pudiera aprenderse nada acerca de la forma de la tiara. Recordemos que era la época del Cisma de Avignon. La de Juan XXII tiene dos coronas, y la primera vez que aparece con tres coronas es con Benedicto XII, muerto en 1342. A partir de entones, la tiara fue sucesivamente ornamentada hasta adoptar más o menos su definitiva forma actual. No te creas que esto forma parte de mi repertorio, lo he sacado de una Enciclopedia, y me he enfrascado tanto, que aquí lo tienes enterito. Si resulto algo insoportable, pues bueno. Sir William Wallace de Elerslie (1272-1305), hijo de Sir Malcolm Wallace fue un destacado cabecilla escocés que combatió contra los ingleses a finales del siglo XIII y principios del siglo XIV. Lo conocerás por la película Braveheart. Por medio está el eterno enfrentamiento entre sajones y normandos que ha marcado la historia de Inglaterra. El rey escocés Alejandro III murió en 1286 sin descendencia. Solamente una hija suya, Margaret, había casado con Erik II, el rey de los normandos noruegos, pero había muerto. No obstante, había dejado una hija, que, a la muerte de Alejandro III, tenía 3 años y se llamaba Margaret. El propio rey de los normandos tenía sólo 16 años. Se disputaban el acceso al trono varias familias nobles escocesas, mezcla de normandos y escoceses/galeses. Las principales pertenecían a llos llamados Guardianes de Escocia, los Bruce y los Balliol. En principio el rey de Inglaterra se limitó a actuar como árbitro, y determinó que la 'doncella de Noruega' sería reina de una Escocia independiente, pero debería casar con su hijo, el príncipe Eduardo de Inglaterra, que tenía 6 años, de modo que Erik II - el de los 16 años - envió a su hijita de vuelta a Escocia a través de sus dominios de las Orcadas y las Shetland, sin entregárselas a los emisarios del rey inglés, que habían llegado por su lado. Con tan mala suerte, que la niña murió en esas islas sin pisar suelo escocés. En 1290. Los Bruce y los Balliol trataron de dirimir sus derechos al trono en procedimientos legales en la Corte inglesa, y como precio a esta mediación, Eduardo I se colocó sobre ambos con el título de 'Señor de Escocia', según los "principios legales supremos". Así, Eduardo I colocó guarniciones inglesas en los castillos de las familias escocesas pretendientes, y de forma un tanto extraña, el número de familias pretendientes aumentó a quince. En noviembre de 1292, Jhon Balliol fue elegido rey de Escocia, el cual había prometido como contrapartida a su elección como rey, hacer homenaje de vasallaje al rey de Inglaterra. Y aquí empieza lo bueno. Los pretendientes ofendidos se mostraban poco dóciles al nuevo rey, y entonces Eduardo I exigió otra vez, hábilmente, que las disputas entre familias y todas las disputas de Escocia se dirimieran en su Corte. Juan se opuso y entonces fue amenazado por Eduardo con la pérdida de algunos castillos. Al mismo tiempo incitó a Erik II para que reclamara las Islas Occidentales, pues los escoceses se habían demorado en el pago de un impuesto al rey noruego. Al mismo tiempo, las familias pretendientes se comportaban de forma poco solidaria con su rey. Así logró Eduardo I tener una Escocia dividida en la que ambas partes deseaban su ayuda. El desenlace vino cuando Eduardo I pidió ayuda militar a Balliol contra el rey francés Felipe IV. Jhon Balliol, enojado, firmó un tratado con el rey francés en octubre de 1295, y declaró que, si Eduardo requería su ayuda, debería luchar contra él. Esto era lo que había estado esperando Eduardo I. En marzo del año siguiente, las inexpertas tropas escocesas no fueron enemigo para sus soldados, saqueando Berwick y masacrando a sus habitantes. En abril, los escoceses fueron derrotados en Dunbar, cayendo Edimburgo y el rey Jhon Balliol entregado a los ingleses. Pasaría un tiempo en la Torre de Londres y luego exiliado en Francia, murió en 1313. William Wallace, aunque no era un caballero importante, era un terrible guerrero. Dicen que era muy alto, 6 pies con 7, no es que me interese mucho la estatura de la gente, pero era así como de 2 metros, y entonces no había Cola cao. Lo metieron en la carrera eclesiástica, pero a la muerte de su padre, Sir Malcolm, en la batalla de Loudon Hill in Irvine, dejó la carrera eleciástica y se propuso vengar la muerte de su padre. Tenía 19 años. Acompañando a Wallace estaba el también famoso Robert the Bruce, aunque en una importante batalla le traicionó. Entre las batallas más importantes en que derrotó a los ingleses figura la de Stirling Bridge (1297), 10.000 campesinos escoceses contra 50.000 ingleses. Por entonces, Wallace tenía más o menos los años que tú y yo tenemos. En 1305 fue apresado y juzgado, y tras ser torturado horriblemente como escarmiento para el espíritu escocés, fue ejecutado y descuartizado. Su cabeza fue expuesta en el London Bridge y cada parte de su cuerpo fue enviada a una esquina de Inglaterra. Sin embargo, su causa trascendió a su muerte. Escocia se organizó militarmente y derrotó en importantes batallas a los ingleses. Escocia fue declarada independiente en 1328 por el Tratado de Northampton-Edimburgo e independiente permaneció hasta 1479, y el primer rey elegido en 1306 fue el traidor arrepentido Robert the Bruce. Es muy interesante conocer la historia inglesa, aunque no guarda similitudes ni de lejos con la española. A mí William Wallace me cae bien, creía en lo que hacía, y con su enorme fe arrastró a sus compatriotas que no creían posible defender su causa, a pesar de su juventud. Era un espíritu indomable. Escogí este nombre no porque sintiera simpatía por los abertzales radicales, ni mucho menos, mal que me pese que alguno puede interpretarlo así. Lo cogido, cogido está. Nada más, un saludo, W.W. -------------------------------------------------- |